| ARTÍCULOS |

https://doi.org/10.30972/clt.299337

CLRELyL 29 (2026). ISSN 2684-0499


CLRELyL 29 (2026). ISSN 2684-0499 DOI https://doi.org/10.30972/clt.299370

ENTRE VIAJERA NÓMADA Y REINA DEL HOME: AUTOFIGURACIÓN EN RECUERDOS DE VIAJE DE EDUARDA MANSILLA

Between nomadic traveler and queen of the home: self-repair in Recuerdos de viaje by Eduarda Mansilla

Milagros Rojo Guiñazú*

Universidad Nacional del Nordeste, Facultad de Humanidades, Instituto de Letras “Alfredo Veiravé”

milagrosguinazu@gmail.com

Recibido: 31/03/2026 - Aceptado: 18/05/2026

Resumen

Este artículo propone una lectura de Recuerdos de viaje (1882) de Eduarda Mansilla como texto viático, memorístico y político, donde la experiencia del viaje por Estados Unidos funciona como dispositivo crítico para pensar historia, nación y subjetividad femenina en el siglo XIX. Desde un enfoque que articula memoria, imaginación, autofiguración y género, se sostiene que Mansilla construye una figura autoral que, desde la distancia temporal, desarticula dicotomías como Norte/Sur, civilización/barbarie, público/privado y masculino/femenino. El análisis examina la memoria como operación de edición del pasado, la imaginación como facultad de comprensión histórica y los silencios estratégicos del automodelaje autoral. Asimismo, indaga la configuración de una flâneuse latinoamericana, la subversión de la pasividad femenina y la maternidad como acompañamiento del viaje. Se propone la categoría de “reina del home” para dar cuenta de una figura femenina finisecular que redefine el lugar materno entre lo doméstico y lo político.

Palabras clave: literatura de viajes; flâneuse latinoamericana; autofiguración autoral; memoria; maternidad

Abstract

This article proposes a reading of Eduarda Mansilla’s Recuerdos de viaje (Travel Memories, 1882) as a travelogue, memoir, and political text, where the experience of traveling through the United States functions as a critical device for reflecting on history, nation, and female subjectivity in the 19th century. From an approach that articulates memory, imagination, self-repair, and gender, it argues that Mansilla constructs an authorial figure who, from the perspective of temporal distance, dismantles dichotomies such as North/South, civilization/barbarism, public/private, and masculine/feminine. The analysis examines memory as an operation of editing the past, imagination as a faculty of historical understanding, and the strategic silences of authorial self-modeling. It also explores the configuration of a Latin American flâneuse, the subversion of female passivity, and motherhood as an accompaniment to travel. The category of “queen of the home” is proposed to account for a fin-de-siècle female figure who redefines the maternal role between the domestic and the political.

Keywords: travel literature; Latin American flâneuse; authorial self-repair; memory; motherhood

Entre viajera nómada y reina del home: autofiguración en Recuerdos de viaje de Eduarda Mansilla

1. Introducción

Recuerdos de viaje (en adelante, RDV) de Eduarda Mansilla se presenta como un texto viático que excede el mero registro de desplazamiento geográfico para configurarse como una escritura de la memoria atravesada por una sostenida reflexión política. En la obra, la experiencia del viaje por los Estados Unidos y Canadá funciona como un dispositivo de lectura que habilita a la autora a pensar, desde una distancia tanto temporal como espacial, no solo la vida privada de la nación norteamericana, sino también los dilemas históricos y políticos de la Argentina del siglo XIX.

Tal como señala Lojo (2011), los Estados Unidos operan en RDV simultáneamente como excusa para la escritura y como espacio simbólico desde el cual Mansilla articula usos políticos del viaje. La oposición Norte/Sur –Unión/Confederación– es abordada en clave comparativa con los pares dicotómicos que estructuran la tradición política argentina, tales como unitarios/federales, civilización/barbarie y ciudad/campaña. De este modo, la reflexión sobre lo político norteamericano le permite a la autora elaborar una lectura crítica de lo político argentino, particularmente en relación con acontecimientos bisagra como la Batalla de Pavón y las Campañas del Desierto, que aparecen veladamente correlacionadas con el tratamiento de los pueblos originarios en los Estados Unidos.

Desde esta perspectiva, el presente artículo se propone analizar RDV como un texto viático, memorístico y político, en el que la narración del pasado se construye a partir de una operación de edición de la memoria. Mansilla escribe desde el ocaso de su vida y desde una subjetividad transformada. La voz que rememora no coincide con la mujer que emprendió el viaje. Esa distancia habilita un proceso de revisión y resignificación de la experiencia, mediante el cual los recuerdos personales y los acontecimientos históricos se integran en un relato que adquiere unidad y espesor interpretativo.

La hipótesis central que guía este trabajo sostiene que Mansilla se configura en RDV como una flâneuse latinoamericana que, a través de la memoria y la imaginación, desarticula dicotomías fundantes del siglo XIX. En su escritura, la autora revisa y subvierte oposiciones tales como Norte/Sur, público/privado, masculino/femenino y civilización/barbarie, al tiempo que construye una voz autoral autónoma que se afirma y se legitima en el espacio discursivo.

En este proceso, la memoria –entendida, en términos de Arendt (2003), como el engranaje que articula relato, historia y narración– y la imaginación –concebida como la facultad de representación que permite comprender lo ausente y tomar distancia de los hechos– se constituyen como categorías centrales. Ambas operan como mecanismos que posibilitan la relectura del pasado y la producción de sentido, a partir de procedimientos tales como la selección, la elipsis y el silenciamiento estratégico.

Asimismo, el artículo dialoga con los estudios sobre autofiguración y escritura del yo (Amícola, 2007; Molloy, 2006), en tanto RDV exhibe un yo narrador persistentemente visible que edita su propia imagen como mujer, madre, viajera y autora. En este marco, se propone la categoría de “reina del home” para dar cuenta de la figura materna que Mansilla construye: una mujer que redefine la noción de ángel del hogar finisecular y desarticula la frontera entre lo privado y lo público, al concebir la familia como un espacio atravesado por lo político y lo nacional.

Finalmente, el trabajo se inscribe en un marco teórico interdisciplinario que articula reflexiones sobre memoria e imaginación, género y subjetividad, autofiguración autoral y estudios del relato de viaje. Desde este entramado, se propone leer RDV como un espacio privilegiado de resignificación histórica, en el que la vida privada de los Estados Unidos se convierte en un espejo crítico para pensar la identidad, la política y la experiencia femenina en la Argentina del siglo XIX.

2. Un país para pensar otro: Yankeeland y la Argentina en reflejo

Los Estados Unidos funcionan en RDV como una excusa para la escritura y, al mismo tiempo, como un espacio privilegiado de reflexión política. Tal como señala Lojo (2011), la obra pone en juego los “usos políticos” del viaje, ya que hablar del Norte y el Sur, de la Unión y la Confederación, constituye una estrategia1 que permite correlacionar esos pares dicotómicos con los que han estructurado históricamente el pensamiento político argentino: unitarios/federales, civilización/barbarie, ciudad/campaña. Desde esta perspectiva, lo político norteamericano se convierte en una vía de acceso para pensar críticamente lo político argentino, al tiempo que convoca a la autora a revisar otras segmentaciones que atraviesan su época.

RDV se define, en palabras de la propia autora, como la narración de “la historia de la vida privada de los Estados Unidos” (Mansilla, 2011, p. 61). En el Capítulo V se produce un develamiento de tono acusatorio que habilita a Mansilla a exponer valoraciones explícitas, particularmente cuando pondera el accionar de la Unión una vez consolidado su poder y examina el tratamiento dispensado a los pueblos originarios. A través de su palabra, la autora da voz a “los hijos del desierto” y deja en evidencia los desmanes perpetrados por los yankees:

Así que el Yankee tuvo una existencia política asegurada, no se contentó ya con comprar, como en otro tiempo, tierras a los indígenas, decidió destruir la raza por todos los medios a su alcance. Muerte, traición y rapiña, han sido las armas con las cuales los han combatido; promesas y engaños, he ahí su política con los hijos del desierto. (Mansilla, 2011, p. 78-79)2

El conocimiento directo de las actitudes de ambos bandos, derivado de su condición de testigo, refuerza la autoridad del juicio que la narradora construye. Esa experiencia se traduce en pasajes en los que el testimonio personal convalida la condena moral:

Cuando he visto caciques Rojos sentados a la mesa del Presidente de los Estados Unidos, en esa actitud reservada y digna, acompañada de un mirar melancólico y profundo, tan penetrante, he sentido respeto y enternecimiento por los descendientes de los dueños de la tierra que hoy ocupa la Unión, despojados, desdeñados, engañados por hombres que profesan una religión de igualdad y mansedumbre y que, sin embargo, no practican el principal de sus preceptos: la fraternidad. (Mansilla, 2011, p. 80)

De manera velada, el lector de Mansilla reconoce la correlación entre estos episodios y las Campañas del Desierto (1834-1878-1885) en Argentina. Las notas tomadas durante su estadía en América del Norte se transforman así en un documento histórico que integra fragmentos de las historias estadounidense y argentina en un relato memorístico capaz de otorgarles unidad y sentido.3

La que escribe es distinta de la que viajó. Situada en la adultez, Mansilla ofrece en esta comunicación con otros un proceso de automodelaje (Quispe Agnoli, 2018). No solo se despoja de sus apellidos para reafirmar su nombre propio, sino que relee y comprende los hechos del pasado desde un lugar otro. En este sentido, la comprensión histórica se apoya en la posibilidad de ensayar nuevas formas de mirar la realidad. El mecanismo de inversión o deconstrucción se vuelve, en Mansilla, un recurso recurrente.4 Para narrar su experiencia, elige arbitrariamente “el momento de la experiencia desde el cual mirar hacia atrás o hacia adelante” (Greene, 1951, p. 1). Por ello, concebimos a RDV como la narración editada de una memoria que es a la vez personal e histórica, testimonial y biográfica.

La autora retoma ese viaje a través del recuerdo. Es la subjetividad de una mujer la que sintetiza el transcurrir por diversas ciudades de Estados Unidos y Canadá, seleccionando tópicos de análisis y concibiendo a Yankeeland como un dispositivo que le permite pensar en cuestiones políticas que resultan fundamentales para problematizar. En este proceso, la memoria –en términos de Arendt (1996)–5 se erige como el engranaje que articula relato, historia y narración, y como la base de aquello que permanece.

Entre 1860 y 1882, tanto la sociedad argentina como la estadounidense atravesaron profundas transformaciones que Mansilla percibió y valoró, al punto de insistir en que los cambios sociales implican necesariamente conflicto: “La vida de nuestra sociedad, especialmente hace algunos años, era de transformación incesante, y ya sabemos que la transformación no se obtiene sin lucha, tanto en el orden moral como en el orden natural”. (Mansilla, 2011, p. 194). En su resignificación de la historia, recupera acontecimientos cruciales para el lector rioplatense, como la Batalla de Pavón (1861), suceso bisagra de la política argentina que marcó el fin de la Confederación y el inicio de la Nación bajo una constitución centralista y liberal que marginó a las provincias: “El encuentro de Pavón había cambiado en la patria la faz de los acontecimientos políticos: fue menester decir adiós a Yankeeland para volver al Viejo Mundo” (Mansilla, 2011, p. 194).

Es desde esta distancia –temporal, vital y simbólica– que Mansilla logra revisar sus recuerdos y construir el relato del pasado. La imaginación, entendida como rememoración, le permite alejar los hechos que resultan demasiado próximos para observarlos y comprenderlos sin el peso del prejuicio (Arendt, 2002). En el Capítulo XX se advierte con claridad este proceso de relectura, cuando se ponen en diálogo la Eduarda joven y la Eduarda adulta a propósito de su posición frente al Norte y el Sur norteamericanos. Así, recuerda las palabras de su amigo Santiago Arcos, que reconstruye en el relato: “Amiga mía: Ud. es sudista ahora porque es una niña y aún no ha vivido: espere a envejecer para comprender y apreciar a esos rústicos Yankees que tanto chocan su sentimiento artístico” (Mansilla, 2011, p. 195). Y, a continuación, confirma: “La profecía se cumplió, me complazco en reconocerlo, confesando mi pecado; yo era sudista” (Mansilla, 2011, p. 195).

La operatividad de la imaginación (Arendt, 2003), en tanto facultad de representación, se manifiesta en la apreciación de los sucesos pasados sobre los que la narradora retorna. Los hechos se vuelven históricos en el momento en que la voz narradora los incorpora al relato. En este sentido, la imaginación es, siguiendo a Kant, “la facultad de representar un objeto en la intuición incluso cuando éste no se halla presente” (en Arendt, 2003, p. 143).

En este entramado complejo de comprensión mediada por la imaginación, es posible reconocer diversos mecanismos empleados por la autora: selección, recuerdos, elipsis. Francesca Denegri (2017, p. 46) advierte que, para llevar a cabo el trabajo de la memoria en RDV, Mansilla debe olvidar o censurar ciertas secuencias conflictivas de su vida personal, lo que le permite, a su vez, recuperar otros momentos públicos de prestigio. De este modo, mediante la operación de edición de la memoria, la autora automodela su imagen como mujer y como escritora.

RDV se construye, entonces, a partir de un proceso de edición que determina qué sujetos serán visibles y nombrados en la obra y cuáles quedarán silenciados. Este trabajo memorístico y compositivo resulta central, ya que, por las características genéricas del texto, el yo narrador es constantemente palpable. Eduarda habita cada palabra, develando intimidad e identidad, y logra así un come into terms6 con su experiencia vital, entrelazando su vivencia personal con una reflexión sociológica y política sobre los Estados Unidos, siempre en correlación con su propia nación.

3. Memoria, imaginación y relectura del pasado

En RDV, el viaje no se ofrece como restitución transparente de una experiencia pasada, sino como una reconstrucción mediada por el tiempo y la reflexión. La narración no sigue el orden del desplazamiento original, sino la lógica de una memoria que reorganiza lo vivido desde un presente marcado por la distancia y la transformación subjetiva, habilitando así una lectura crítica del pasado y de las posiciones que lo atravesaron.

En este marco, la memoria se configura como una instancia activa de composición y no como un mero depósito de recuerdos. En términos arendtianos, funciona como un dispositivo que enlaza relato, historia y narración, posibilitando que la experiencia asuma una inteligibilidad en clave retrospectiva. Mansilla interviene activamente sobre su memoria mediante procedimientos discursivos específicos que organizan el texto. Estos mecanismos se hacen visibles, por ejemplo, en la casi total omisión de la figura del esposo, así como en la elección de determinados episodios públicos que refuerzan una imagen de autonomía y prestigio. En este sentido, el acto de recordar implica, en este caso, olvidar o censurar ciertos tramos conflictivos para hacer visibles otros, operación que posibilita la construcción de una identidad coherente con el presente de la escritura.

Lejos de funcionar únicamente como mediación entre experiencia y relato, la imaginación interviene como una instancia que reordena lo vivido en términos interpretativos. En la perspectiva kantiana retomada por Arendt (2003), no se limita a hacer presente lo ausente, sino que habilita una toma de posición frente a los acontecimientos al sustraerlos de su inmediatez. En RDV, este movimiento no supone simplemente volver a los hechos, sino modificar el ángulo desde el cual estos son vistos. En este sentido, la observación de Greene (1951) resulta especialmente interesante: toda narración implica una decisión respecto del punto de anclaje desde el cual se organiza la experiencia, y es esa elección la que orienta el sentido del texto.

Desde esta configuración del punto de vista, la escritura de Mansilla se abre a una reconsideración de las propias posiciones ideológicas. La revisión de la dicotomía Norte/Sur en el contexto estadounidense constituye un ejemplo elocuente. La Eduarda que escribe no se limita a evocar una antigua adhesión sudista, sino que la somete a una nueva lectura, modulada por la distancia temporal y la experiencia acumulada. De este modo, la escritura se convierte en un espacio de autointerpelación y rectificación, en el que el pasado es reelaborado a partir de un ejercicio crítico que redefine la posición de la enunciadora.

Por ello, el relato funciona como un dispositivo de automodelaje. A través de la edición de la memoria, Mansilla construye retrospectivamente su imagen como mujer, viajera, madre y autora. El yo que emerge del texto no remite a una esencia fija, sino a una identidad dinámica, configurada en diálogo con otros y con los discursos de su tiempo. La narración memorialística se transforma, de este modo, en un ejercicio de autocomprensión y de puesta en escena del yo, en el que la subjetividad se piensa y se escribe a sí misma desde una perspectiva reflexiva y distanciada.

Así, memoria e imaginación no solo organizan el relato, sino que constituyen el núcleo epistemológico de RDV. Son las herramientas que permiten comprender el pasado, revisar las propias creencias y construir una voz autoral capaz de intervenir críticamente en la lectura de la historia.

4. La flâneuse latinoamericana: viaje, escritura y subjetividad

Como una flâneuse7 en los laberintos de la memoria, Eduarda Mansilla deambula entre recuerdos, escenas y fragmentos del pasado. En RDV, el desplazamiento físico pierde centralidad frente a una deriva memorial que convierte el viaje en un espacio de exploración subjetiva. Más que relatar un itinerario, la escritura se orienta a la reconstrucción reflexiva de la experiencia, donde el movimiento exterior se articula con un recorrido interior guiado por la memoria.

Si entendemos la escritura como un ejercicio privado que habilita la configuración de una subjetividad femenina frecuentemente negada en otros ámbitos, resultan especialmente reveladores los mecanismos discursivos que Mansilla pone en funcionamiento como cronista de viaje. El uso sostenido de la primera persona, las operaciones de autofiguración (Amícola, 2007; Molloy, 2006) y el tono de causerie,8 que instaura una conversación implícita con lectores de similar capital cultural, consolidan una voz viajera que se afirma desde el texto viático. En este marco, la primera persona no solo organiza el relato, sino que hace visible un yo que se piensa y se escribe a sí mismo en el acto de narrar.

En RDV, tanto la identidad de la mujer viajera como el propio texto femenino de viaje se ven desplazados respecto de sus modelos tradicionales. Esta inflexión se advierte, por ejemplo, en la organización temática del relato, donde conviven –sin jerarquías rígidas– reflexiones de índole política y descripciones del orden doméstico (Spicer-Escalante, 2010). Lo político y lo doméstico no aparecen como esferas escindidas, sino como dimensiones entrelazadas de una misma experiencia narrativa, lo que amplía el alcance del viaje femenino y redefine sus posibilidades de intervención discursiva.

Esta figura se distancia de manera clara del modelo hegemónico del viajero masculino decimonónico. Bonnie Frederick observa que las diferencias entre los desplazamientos de los hermanos Mansilla son fundamentalmente culturales: “Lucio es un viajero, un hombre que deja su casa atrás en Buenos Aires; Eduarda es una nómada, lleva su casa consigo” (Frederick, 1994, p. 249). Mientras el viaje masculino suele implicar ruptura, exterioridad y desprendimiento, el de Eduarda se construye desde una lógica distinta, marcada por la continuidad de los vínculos afectivos, las prácticas domésticas y la presencia de los otros.

Desde esta perspectiva, la noción de nomadismo femenino resulta clave para pensar la figura de la flâneuse latinoamericana. Mansilla viaja acompañada por sus hijos, criadas, amigos y pertenencias; circula por espacios sociales que le resultan familiares; y habita el desplazamiento sin escindirse de su mundo cotidiano. No abandona el hogar, lo reconfigura. En ese gesto, la flâneuse latinoamericana no solo recorre ciudades extranjeras, sino que convierte el viaje en un espacio de producción de subjetividad, donde memoria, escritura y experiencia se articulan para dar forma a una identidad móvil, relacional y reflexiva.

5. Silencios estratégicos. El borramiento del esposo y la centralidad materna

En RDV, el silenciamiento de la figura del esposo constituye una de las operaciones discursivas más significativas del relato. A lo largo del texto, la presencia del marido aparece apenas insinuada en dos momentos puntuales. En el Capítulo VIII, al narrar el encuentro con Abraham Lincoln y su esposa, Eduarda omite deliberadamente el nombre de su cónyuge y se presenta como una “extranjera distinguida”, sin explicar las razones diplomáticas que motivan su acceso a la Casa Blanca. El carácter oficial de su estadía –ligado al cargo de Secretario de Legación– queda elidido, y la narradora se construye como una mujer que comparece sola en la escena. En el Capítulo XIII, la figura del esposo reaparece de manera subsidiaria, siempre mediada por la mirada de otras mujeres y nunca a través de la voz directa de la autora.

Esta amplia elipsis del marido en el relato resulta particularmente llamativa (Lojo, 2011). Mansilla difumina su figura incluso en contextos en los que la vida protocolar de la diplomacia habría exigido su presencia explícita, como banquetes o reuniones con otros ministros. De este modo, García se convierte en un sujeto sin voz ni agencia narrativa, lo que habilita a la autora a construir la imagen de una “viajera autosuficiente” (Sosa, 2022). Embarca en Le Havre, arriba a Nueva York tras superar los contratiempos de la travesía, circula por distintas ciudades con dos hijos pequeños y participa activamente de la vida social que su trayectoria propicia, sin que el esposo constituya una referencia necesaria ni una mínima competencia para su voz enunciadora.

Esta borradura compensatoria –en términos de Sosa (2022)– subvierte las representaciones modernas de la “pasividad femenina”9 (Steimberg de Kaplan, 2010) y desactiva figuras tradicionales como la de la “mujer como muro de arena”10 (Amorós, 1994) o la de la “acompañante en la sombra” (Lojo, 1999). Mansilla invierte el rol históricamente asignado a las mujeres como acólitas del recorrido masculino y se presenta como dueña del universo discursivo que construye. Coincidimos con Fontana (2022) en que Mansilla presenta a una mujer distanciada de su esposo. La distancia geográfica respecto del esposo durante la escritura encuentra su correlato simbólico en el relato, donde él permanece sistemáticamente ausente.

Ahora bien, este borramiento del lugar conyugal no implica una negación del vínculo familiar, sino una redistribución de sus jerarquías. En contraste con la minimización de la figura del marido, la maternidad adquiere una centralidad explícita. Lejos de presentarse como un obstáculo o una carga que complique el desplazamiento, los hijos aparecen como compañeros de viaje: “me instalé muy contenta con mis muchachos en uno de los cars, como allí les llaman” (Mansilla, 2011, p. 91). La imagen de la mater familiae, que Mansilla observa y describe en las mujeres norteamericanas, se resignifica en su propio relato y se vuelve un eje fundamental de la construcción autoral.

Este doble movimiento –borramiento del marido y afirmación de la maternidad– pone en evidencia una tensión constante entre respetabilidad y transgresión. Mansilla se muestra cuidadosa en el modo en que narra su experiencia. Inscribe su relato en espacios socialmente legitimados, atiende a las normas de decoro esperables para una mujer de su clase y considera la mirada de sus pares. Los ámbitos que recorre y las actividades que realiza no difieren sustancialmente de aquellas que podría haber desarrollado en Buenos Aires. Por ejemplo, asiste a un concierto en la casa del Cónsul Francés Mr. Foret mientras se encuentra en Filadelfia; realiza paseos por la ciudad conociendo lugares dignos para una dama, como es el monumento de Girard College; participa en bailes en Nueva York; descubre la Librería Appleton y el museo Barnum; y frecuenta la casa de campo de su amiga Mrs. Davidson y el hogar de sus amigas Moss, en cuyos “homes hospitalarios” dice haber pasado “horas inolvidables” (Mansilla, 2011, p. 138). No obstante, desde ese marco de respetabilidad, logra desarticular las expectativas de género y afirmar una subjetividad femenina activa y autónoma. Así, si bien Mansilla es una mujer nueva, que se afirma desde una escritura del yo rememorando episodios de un tiempo pasado vividos en Yankeeland, cuida las formas al consolidar su self-fashioning (Greenblatt, 1983) de acuerdo con los estándares esperados por su grupo de pertenencia.

Así, a través de silencios estratégicos y elecciones narrativas precisas, se hace visible una política de la autofiguración que resulta central en RDV. Mansilla construye la imagen de una mujer viajera y madre que redefine los límites entre lo permitido y lo transgresor, entre lo privado y lo público, sin romper explícitamente con los códigos de su grupo social, pero tensándolos desde dentro.

6. La “reina del home”: una nueva figura femenina finisecular

En RDV, Eduarda Mansilla se configura como la “reina del home”.11 Proponemos esta categoría para dar cuenta de una nueva figura materna que la autora proyecta como modelo para la Argentina finisecular. Lejos de tratarse de una imagen espontánea o meramente descriptiva, es el resultado de una construcción discursiva que emerge de la escritura memorialística y de la edición retrospectiva de la experiencia, en diálogo con los debates sociales y culturales de su tiempo.

La noción de home resulta central en esta formulación. Siguiendo una inflexión característica de su escritura –la mezcla entre la lengua nativa y la extranjera–, se opta por este término en tanto sintetiza, para la autora, las ideas de hogar, familia y patria. En esta clave, el espacio doméstico deja de definirse como un ámbito estrictamente privado para adquirir una dimensión simbólica y política, estrechamente vinculada con la organización social y nacional. El home se convierte así en un lugar desde el cual pensar la nación, y no en su mero reverso íntimo.

La maternidad ocupa un lugar protagónico en esta construcción. Mansilla no presenta la condición materna como un límite ni como un obstáculo para el desplazamiento, sino como un eje organizador de su identidad femenina. La imagen de la mater familiae se resignifica a través de la noción de “reina del home”. En las décadas finales del siglo XIX, tanto en los Estados Unidos como en Hispanoamérica, las madres asumen un rol central en la administración simbólica y moral de la familia, lo que redefine su lugar en la sociedad y amplía su margen de intervención.

Desde esta perspectiva, la mujer finisecular reconfigura la figura romántica del ángel del hogar. Las “reinas del home” actúan simultáneamente en lo privado y en lo público, ya que la familia deja de circunscribirse al ámbito doméstico para convertirse en un asunto de interés colectivo, incluso de orden político. En este movimiento, Mansilla desarticula una de las dicotomías fundamentales de la modernidad –la oposición entre lo público y lo privado– e integra ambas dimensiones en una misma figura femenina, capaz de intervenir desde el interior de los códigos de respetabilidad.

Como construcción simbólica, la “reina del home” constituye la puesta en escena culminante de la autofiguración autoral. Se inscribe, por un lado, en las operaciones de autofiguración y escritura del yo (Amícola, 2007; Molloy, 2006); por otro, puede pensarse como una forma de self-fashioning (Greenblatt, 1983), entendida como la elaboración de una identidad pública acorde con estándares socialmente aceptables. Finalmente, se vincula con el automodelaje (Quispe-Agnoli, 2018), en tanto la identidad no se concibe como una esencia fija, sino como una construcción dinámica, diseñada y montada en comunicación con otros y con los discursos del presente.

De este modo, la categoría de “reina del home” permite leer RDV como un texto en el que convergen maternidad, escritura del yo y reflexión política. En esa convergencia se configura una figura femenina novedosa que redefine el lugar de la mujer en la cultura finisecular y consolida una voz autoral capaz de intervenir críticamente en los debates sobre nación, género y modernidad.

7. Cuerpo, consumo y vida privada: leer la nación desde lo íntimo

Considerando que RDV representa un dispositivo de lectura política en el que la experiencia del viaje habilita pensar la nación desde una perspectiva situada, la indagación en la vida privada de los Estados Unidos adquiere un valor central. Para ello, Mansilla se apoya en el axioma “Dime lo que comes, te diré lo que eres” (Mansilla, 2011, p. 65). A partir de esta premisa, observa con atención las prácticas alimentarias y los hábitos cotidianos de la sociedad estadounidense, que se convierten en una vía privilegiada para comprender su idiosincrasia. Las referencias a la comida –el consumo de ostras, langostas, helados o ice-cream– no funcionan como meras anécdotas costumbristas, sino como indicadores culturales que permiten leer lo social desde lo íntimo. En este sentido, la observación de lo doméstico se constituye en una estrategia de lectura que desarticula la dicotomía público/privado.

Las prácticas alimentarias, las modas y la corporalidad operan, en este sentido, como verdaderos lenguajes sociales. Mansilla observa críticamente la conducta de las yankees al comer y asocia estos comportamientos con una noción de atentado al buen gusto que atribuye a la sociedad norteamericana. La descripción de las “activas mandíbulas” y de la voracidad femenina en el espacio público construye una escena en la que el cuerpo aparece como lugar de significación social, atravesado por normas, valores y tensiones culturales.

El cuerpo femenino en el espacio público adquiere, así, una visibilidad particular. Esos cuerpos delgados se configuran como lugares desde los cuales las mujeres norteamericanas experimentan el mundo y son vistas en él, en el sentido propuesto por Merleau-Ponty (1945). Para Mansilla, indumentaria y corporalidad conforman un binomio que produce un lenguaje corporal pleno de significación en la sociedad que observa. Al mismo tiempo, su mirada refuerza la imperiosa exigencia de embellecimiento que pesa sobre las mujeres, evidenciando una lectura atenta de la relación entre cuerpo, consumo y género, y reforzando la dimensión situada de su mirada como viajera y observadora.

Estos recuerdos de viaje, en tanto ocasión de ejercicio de la lengua y de comunicación con otros, funcionan además como un cronotopo capaz de suscitar un efecto de resemantización. El cronotopo de la intimidad (Arfuch, 2005) se hace visible en la alusión a espacios emblemáticos como Girard College, la librería Appleton o el museo Barnum, que invisten de sentido el universo textual y permiten articular lo privado con lo público.

De este modo, la narración de la vida privada de los Estados Unidos se convierte, para la autora, en un espacio desde el cual revisar sus propias posturas acerca de esta nación y de su idiosincrasia. Leer la nación desde lo íntimo implica, en RDV, una operación política. Es en los hábitos cotidianos, en los cuerpos y en las prácticas de consumo donde se revelan las tensiones profundas de una sociedad. Así, lo doméstico y lo corporal se constituyen en claves de lectura para pensar lo nacional, cerrando el recorrido analítico del texto y reafirmando el carácter político de la mirada.

Por ello, RDV se revela como un texto que desplaza deliberadamente los grandes relatos abstractos sobre la nación hacia una zona de observación minuciosa, donde lo cotidiano, lo corporal y lo doméstico adquieren densidad política. La atención a los hábitos, a los gestos y a los espacios de la vida privada no constituye un desvío del problema nacional, sino una estrategia crítica que permite interrogarlo desde una escala menor, sensible y situada. Desde allí, Mansilla articula memoria, experiencia y género para construir una mirada singular sobre los Estados Unidos y, al mismo tiempo, sobre su propia posición como mujer, madre y escritora en el siglo XIX, en línea con la figura de una flâneuse latinoamericana que desarticula dicotomías.

Conclusiones

A lo largo de este trabajo nos propusimos leer RDV como un texto viático, memorístico y político, a partir de la hipótesis de que Eduarda Mansilla construye en él una figura autoral que, desde la memoria y la imaginación, desarticula dicotomías decimonónicas y configura una subjetividad femenina moderna. El análisis permitió confirmar que RDV no se limita a narrar una experiencia de desplazamiento, sino que se constituye como un espacio de reflexión crítica sobre la historia, la nación y el lugar de las mujeres en la cultura del siglo XIX.

En efecto, la obra articula de manera compleja memoria e historia. La distancia entre la Eduarda que viaja y la Eduarda que escribe habilita una relectura del pasado en la que la experiencia vivida es editada, seleccionada y resignificada. La memoria, mediada por la imaginación, permite comprender los acontecimientos históricos y personales desde un lugar otro, integrando lo testimonial, lo biográfico y lo histórico en un relato que otorga unidad y sentido a lo vivido.

Asimismo, RDV subvierte dicotomías fundantes del pensamiento decimonónico. A través del viaje por Yankeeland, Mansilla revisa oposiciones como Norte/Sur, civilización/barbarie, público/privado y masculino/femenino. La narración de la vida privada de los Estados Unidos se convierte en un espejo crítico para pensar la Argentina y para interrogar los procesos políticos y sociales de ambas naciones, evidenciando los usos políticos del relato de viaje.

En este entramado, la autora construye una subjetividad femenina moderna. La flâneuse latinoamericana, la viajera autosuficiente, la madre que se desplaza con sus hijos y la “reina del home” son figuras que emergen de una cuidadosa política de la autofiguración. A través de silencios estratégicos –en particular, el borramiento de la figura del esposo–, elecciones narrativas y procedimientos de automodelaje, Mansilla afirma una voz autoral que se inscribe en el espacio público sin abandonar las normas de respetabilidad de su clase, pero tensionándolas y resignificándolas.

A su vez, la atención al cuerpo, al consumo y a los hábitos cotidianos permite a la autora leer la nación desde una escala íntima. Las prácticas alimentarias, la indumentaria y la corporalidad femenina se constituyen en lenguajes sociales a través de los cuales Mansilla interpreta la idiosincrasia norteamericana y formula una crítica cultural que excede la anécdota costumbrista. De este modo, lo doméstico y lo corporal se revelan como espacios privilegiados de producción de sentido político, reforzando la articulación entre experiencia privada y reflexión nacional que atraviesa todo el texto.

Finalmente, este recorrido permite reafirmar el valor de Eduarda Mansilla en el campo letrado del siglo XIX. Su escritura del yo, su intervención en debates políticos y culturales, y su capacidad para articular memoria, género y nación la posicionan como una figura clave para pensar las formas en que las mujeres letradas del período construyeron su voz, su autoridad y su lugar en la historia cultural. RDV se revela así como una obra central no solo para los estudios sobre literatura de viajes, sino también para la comprensión de los modos en que lo íntimo, lo corporal y lo femenino se convirtieron en herramientas críticas para intervenir en la modernidad finisecular.

Referencias bibliográficas

Amícola, José. (2007). Autobiografía como autofiguración. Estrategias discursivas del yo y cuestiones de género. Beatriz Viterbo.

Amorós, Celia. (1994). Feminismo, igualdad y diferencia. UNAM, PUEG.

Arendt, Hannah. (1996). Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política. Península.

Arendt, Hannah. (2002). Comprensión y política (las dificultades de la comprensión). Revista de Filosofía, (26), 17-30. https://tinyurl.com/24ohx6n9

Arendt, Hannah. (2003). Conferencias sobre la filosofía de Kant. Paidós.

Arfuch, Leonor. (2005). Pensar este tiempo. Espacios, afectos, pertenencias. Paidós.

Benjamin, Walter. (1972). Iluminaciones, Baudelaire, Un poeta en el esplendor del capitalismo. Taurus.

Denegri, Francesca. (2017). Cortar el nudo. Los relatos de viaje de Maipina de la Barra, Clorinda Matto de Turner y Eduarda Mansilla. Revista Chilena de Literatura, Ejemplar dedicado a Congreso SOCHEL 2016 y Dossier Literatura mundial, literaturas del mundo, 96, 29-54. https://tinyurl.com/28wqk3rv

Farías, Luis Alberto. (2021). Eduarda Mansilla: la flâneuse impresionista y su llegada a Nueva York. Revista Contextos, Estudios de Humanidades y Ciencias Sociales, (48). https://tinyurl.com/22qag9um

Fernández, Ana María. (1993). La pasividad femenina: una cuestión política. Zona Erógena, 4(16), 21-23.

Fontana, Patricio. (2022). Mujeres en movimiento. Del viaje obligado al viaje deseado. En Arnés, Laura y otras (dirs.), Batticuore, Graciela y Vicens, María (coords.), Historia feminista de la literatura argentina. Mujeres en revolución. Otros comienzos (pp. 447-486). Eduvim.

Frederick, Bonnie. (1994). El viajero y la nómada: Los recuerdos de viaje de Eduarda y Lucio Mansilla. En Fletcher, Lea (comp.), Mujeres y cultura en la Argentina del siglo XIX (pp. 246-251). Feminaria.

Grau-Llevería, Elena. (2017). El flirt como velada estrategia feminista de Eduarda Mansilla de García. Neophilologus, 102, 187-202. https://doi.org/10.1007/S11061-017-9546-4

Greenblatt, Stephen. (1983). Renaissance self-fashioning. From more to Shakespeare. University of Chicago Press.

Greene, Graham. (1951). The end of the affair. Heinemann.

Lojo, María Rosa. (1999). El ‘género mujer’ y la construcción de mitos nacionales: el caso argentino rioplatense. La mujer en la literatura del mundo hispánico. En Arancibia, Juana y otros (eds.), La mujer en la literatura hispánica, Instituto Literario y Cultural Hispánico. Volumen V (pp. 7-31). California.

Lojo, María Rosa. (2011). Eduarda Mansilla: entre la barbarie yankee y la utopía de la mujer profesional. En García de Mansilla, Eduarda, Recuerdos de viaje (pp. 11-37). Buena Vista Editores.

Mansilla, Eduarda. (2011 [1882]). Recuerdos de viaje. Buena Vista Editores.

Merleau-Ponty, Maurice. (1945). Fenomenología de la percepción. Fondo de Cultura Económica.

Molloy, Sylvia. (2006). Identidades textuales femeninas: estrategias de autofiguración. Mora, Revista del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género, 12, 68-86.

Quispe Agnoli, Rocío. (2018). Mujeres en papel y tinta: identificación, automodelaje y remodelaje en el archivo colonial. Revista Exlibris, (7), 45-59. https://tinyurl.com/2a8ut4r7

Rojo Guiñazú, Milagros. (2024). La construcción de la imagen femenina a través del discurso de Eduarda Mansilla en Recuerdos de viaje y en Escritos periodísticos completos (1860-1892) [Tesis doctoral]. Pontificia Universidad Católica Argentina.

Sarmiento, Domingo F. (1986). Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas. Hyspamerica.

Sosa, Carlos Hernán. (2022). ‘Let’s go to Yankeeland!!’ Eduarda Mansilla y sus Recuerdos de viaje (1882): una mirada disonante en el 80 argentino. El hilo de la fábula, 20(23). https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/210822

Spicer-Escalante, Juan Pablo. (2010). En su calidad de “viajera distinguida”: la constitución de una voz femenina del viaje en “Recuerdos de viaje” (1882) de Eduarda Mansilla de García. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. https://tinyurl.com/2a5rafpn

Steimberg de Kaplan, Olga. (2010). Problemáticas de género. Una mirada sobre Eduarda Mansilla, mujer del siglo XIX. El hilo de la fábula, 1(1), 110-115. https://tinyurl.com/287crw2r

*Milagros Rojo Guiñazú es Doctora en Letras por la Universidad Católica Argentina (UCA), Profesora y Licenciada en Letras por la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), Especialista en Docencia Universitaria (UNNE) y en Lectura, Escritura y Educación por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Es Investigadora Categoría II de la UNNE. Actualmente dirige el PI “Sabores y escrituras: la gastronarrativa como espacio discursivo femenino en la literatura” e integra el GI Consolidado “Temas y problemas de literatura y teoría literaria”. En este momento dirige una Beca de pregrado del CIN (2025-2026) y una Beca de Iniciación de Posgrado BEI Tipo I (Ciencia y Técnica, UNNE). Es investigadora externa del PI “Escritores ficcionalizados” (UCA) dirigido por la Dra. Arancet Ruda, miembro del Centro de Investigación de Literatura Argentina (CILA), de la Red Interuniversitaria de Estudios de Literatura Argentina (RELA) y de la Asociación Argentina de Literatura Francesa y Francófona (AALFF).


  1. Durante la Guerra Civil de Estados Unidos, la Unión fue el término que se empleó para aludir al grupo conformado por los estados del Norte en el transcurrir de la Guerra de la Secesión; especialmente al gobierno de A. Lincoln, formado por los veinte estados libres partidarios de abolir la esclavitud y cinco estados esclavistas fronterizos que lo apoyaban. El grupo contrario estaba compuesto por once estados esclavistas del Sur que habían declarado una secesión a unirse entre sí para formar la Confederación. La Unión, reconocida como el gobierno legítimo del país, nunca reconoció la legitimidad de la secesión.↩︎

  2. En la transcripción de los ejemplos se respeta el original.↩︎

  3. Podríamos establecer un paralelismo con Una excursión a los indios ranqueles (1870), obra de su hermano, quien realiza una valoración acerca de los pueblos nativos. En esta pieza Lucio V. Mansilla define los caracteres y comportamientos de los ranqueles y de los cautivos blancos secuestrados por ellos o que, a la inversa, buscaron refugio en las tolderías, perseguidos por el gobierno. Describe a los caciques, sus costumbres, a la par sus impresiones sobre los aborígenes y su constitución familiar, su idioma, religión, administración y comercio. Además, son destacables sus cuadros paisajísticos.↩︎

  4. Por ejemplo, en la obra de Mansilla las antinomias reaparecen, pero para ser desarticuladas y resignificadas. Si Sarmiento había estampado en su Facundo que “el mayor mal que aqueja a la Argentina es su extensión” (Sarmiento, 1986, p. 39-40), a partir de Eduarda, podemos sostener que el mayor mal que aqueja a la Argentina es el pensamiento dicotómico.↩︎

  5. “Todas las cosas que deben su existencia a los hombres, como los trabajos, las proezas y las palabras, son perecederas, están infectadas, por decirlo así, por el carácter mortal de sus autores. Sin embargo, si los mortales consiguen dotar a sus trabajos, proezas y palabras de cierto grado de permanencia y detener su carácter perecedero, estas cosas, al menos en cierta medida, integran el mundo de lo perdurable y dentro de él ocupan un puesto propio, y los mortales mismos encontrarían su puesto en el cosmos, donde todo es inmortal a excepción del hombre. La capacidad humana que permite lograr esto es la memoria…” (Arendt, 1996, p. 51).↩︎

  6. “Llegar a un acuerdo”, la traducción es nuestra.↩︎

  7. Luis Alberto Farías (2021) refiere a la figura del flâneur como el arquetipo histórico de observador, pequeño-burgués, que callejea por las metrópolis europeas posrevolución industrial. Walter Benjamin (1972) recupera la figura de Charles Baudelaire –ese magistral poeta de la muchedumbre– para teorizar acerca del flâneur, de ese paseante, observador apasionado que, en el medio de las multitudes, indaga en las personas y las problemáticas que envuelven a la ciudad de París en el marco de la Modernidad.↩︎

  8. De acuerdo con Spicer-Escalante (2010) la causerie –charla o conversación, en francés– era la modalidad discursiva que utilizaban los contemporáneos masculinos de Mansilla en sus travelogues. Eduarda emplea esta forma para tejer su propio imaginario, tanto norteamericano como europeo. Por su parte, Grau-Llevería (2017) retoma las palabras de Enric Bou para indicar el significado de “travelogues”: “A travelogue is basically a book that chronicles a travel experience” (en Grau-Llevería, 2017, s/p.).↩︎

  9. Según la construcción que la Modernidad hace de lo femenino, se destaca el rasgo de “pasividad femenina” que, según palabras de Ana María Fernández (1993, p. 21), era parte de un imaginario colectivo que instituyó una forma de ser mujer, que se sustenta entre otras cosas, en una trilogía narrativa: el mito de la Mujer igual a Madre, el mito del amor romántico y el de la pasividad erótica de las mujeres.↩︎

  10. Celia Amorós (1994) sostiene que lo privado y lo público constituyen una invariante estructural que articula las sociedades jerarquizando los espacios: el que se adjudica al hombre y a la mujer. A pesar de sus evidentes diferencias históricas, esta distribución tiene unas características recurrentes: las actividades socialmente más valoradas, las de mayor prestigio, las realizan prácticamente en todas las sociedades conocidas los varones. Puede haber alguna rara excepción, pero son las actividades más apreciadas las que configuran el espacio de lo público: es el del reconocimiento, de lo que se ve, de aquello que está expuesto a la mirada pública, por definición. Además, agrega la noción de mujer como un “muro de arena”: “Las mujeres en la historia son como una especie de muro de arena: entran y salen al espacio público sin dejar rastro, borradas las huellas. Con los varones creo que eso no ha ocurrido jamás. Las mujeres somos las únicas que vamos por la vida –circulando o encerradas– por el espacio de las idénticas, donde cualquier cosa es intercambiable por cualquier cosa o por nada, o se paga en especie o ni se sabe qué parámetros funcionan o dejan de funcionar” (p. 8).↩︎

  11. En “La construcción de la imagen femenina a través del discurso de Eduarda Mansilla en Recuerdos de viaje y en Escritos periodísticos completos (1860-1892)” (Rojo Guiñazú, 2024) se propuso la categoría “reina del home” como la imagen de la nueva madre que la autora sugiere para la Argentina finisecular. A partir del recuerdo, de su hijo Daniel en Visto, oído y recordado (1950), de su progenie acercándose a besarle la mano, casi con unción; junto con el remate de sus escritos “besan sus pies” de contemporáneos de Eduarda, establecemos esta nueva noción teórica para leer los textos de la escritora.↩︎