| ARTÍCULOS |
https://doi.org/10.30972/clt.299340
CLRELyL 29 (2026). ISSN 2684-0499
Universidad de La Laguna
mariasarres@gmail.com
Recibido: 31/08/2025 - Aceptado: 13/11/2025
Resumen
La inquietud por el paso del tiempo y la necesidad de mantener la eterna juventud son temáticas sobre las que se ha reflexionado en diversos medios de expresión. En el presente artículo se analizan estas cuestiones y su evolución en un contexto gótico a través del clásico literario El retrato de Dorian Gray (1890), de Oscar Wilde, y La sustancia (2024), una cinta cinematográfica dirigida por Coralie Fargeat. Ambas obras abarcan temáticas comunes como los límites entre el bien y el mal, la pérdida de la belleza, la crítica social o el terror gótico.
Palabras clave: crítica social; horror corporal; terror gótico; decadentismo; abyección
Abstract
The concern about the passage of time and the desire of eternal youth are themes that have caused interest in all means of expression. This article analyzes these transcendental questions and the Gothic evolution of them through the classic novel The picture of Dorian Gray (1890), by Oscar Wilde, and The Substance (2024), a film directed by Coralie Fargeat. Both works discuss topics such as social criticism, gothic horror, good and evil or the loss of beauty.
Keywords: social criticism; body horror; Gothic; Decadentism; abjection
1. Introducción
El terror gótico aún es relevante, y su influencia se retrata en diversas artes, como la literatura y el cine, debido a conceptos como la decadencia humana o las consecuencias de la pérdida de la belleza. La hipótesis de este estudio sostiene que el gótico es fundamental porque tiene la función de criticar aspectos contemporáneos como la obsesión por la juventud, que se vincula con la mercantilización de la belleza femenina. Esta temática cuenta con la capacidad de inspirar terror, ya que, a través de las consecuencias de poseer la juventud eterna, mantiene relación con elementos que se distancian de lo bello y se acercan a lo sublime, es decir, un principio estético formulado por Burke que abarca las formas enormes, monstruosas, que se encuentran fuera del ideal social y generan emociones de terror o violencia (Sánchez-Verdejo Pérez, 2013, p. 24-25).
Las obras que se estudian son la novela de Oscar Wilde El retrato de Dorian Gray, publicada en 1890, y la cinta cinematográfica La sustancia, dirigida por Coralie Fargeat en 2024. Ambas ejemplifican la obsesión por la pérdida de la belleza desde diferentes perspectivas y épocas. Con el objetivo de demostrar la hipótesis, se realiza un análisis comparativo interdisciplinar entre estudios literarios y cinematográficos, además de una revisión bibliográfica de investigaciones que tratan la evolución del terror gótico. Por ejemplo, Joyce Carol Oates editó Perversas (2024), una antología de relatos sobre horror corporal escritos por mujeres, en cuyo prólogo analiza el rechazo social al envejecimiento de los cuerpos. Este concepto está relacionado con las obras que se tratan en este artículo, pues, a través del horror corporal y el deseo por mantener la juventud eterna, los protagonistas se transforman en monstruos, por lo que el análisis demuestra cómo se emplea el terror gótico para narrar la monstruosidad que provocan las exigencias sociales y patriarcales (Casartelli, 2022, p. 5-7).
Aunque la crítica ha estudiado tanto el terror gótico como el rechazo a envejecer, aún es necesario abordar obras que cuenten con diferencia temporal significativa y que mantengan ideas y temáticas similares, que evidencien la evolución de las inquietudes sociales desde perspectivas interdisciplinares.
2. Marco teórico
2.1. El terror gótico
El terror gótico emerge en el siglo XVIII como corriente estética, cultural y artística que hace hincapié en la decadencia del ser humano mediante el uso de escenarios oscuros, casas encantadas y elementos propios de lo macabro (Abello Verano, 2017, p. 33). Durante la época victoriana, en el siglo XIX, se lo comienza a vincular con la vida cotidiana: los villanos se convierten en científicos o aristócratas y en las narraciones aparece un elemento paranormal entre los personajes, hecho que los hace convivir con la fantasía. Más tarde, el terror gótico se relaciona con los avances tecnológicos, que dan importancia a los cambios sociales y modifican la manera de entender lo monstruoso (Punter y Byron, 2004, p. 26-27). En el siglo XXI, permanece en el foco de diversas obras culturales. No obstante, se han realizado modificaciones, como, por ejemplo, el empleo del horror corporal, que “corresponde a una construcción visual que degrada los cuerpos, los transforma, maquiniza, deforma, violenta, generando sensaciones de repugnancia y angustia en el espectador” (Perrés Pozo, 2024, p. 449). Aunque este término se utiliza en novelas anteriores, como Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), se ha popularizado durante los últimos años, sobre todo en relación con la mercantilización del cuerpo femenino. Por tanto, este género está íntimamente relacionado con la abyección, pues se centra en las sensaciones corporales, el deseo prohibido del ser humano y los impulsos naturales que lo condenan. El objetivo tanto de lo abyecto como del horror corporal es mostrar al espectador que los elementos desagradables pueden resultar atractivos y convertirse en un vehículo para transmitir la crítica (Kristeva, 2006, p. 7-11).
En relación con El retrato de Dorian Gray, el personaje principal es el villano de la novela, y el retrato aparece como un elemento sobrenatural que tiene la función de remarcar la crítica social, ya que “la monstruosidad es parte de cada ser humano, pero en el caso de Gray es su característica fundamental como proceso de degradación en una sociedad libertina y licenciosa” (Alvarado Vega, 2018, p. 124). En cuanto a La sustancia, la película muestra a un ser antropomórfico que se relaciona con lo abyecto y el horror corporal. Esto demuestra que, aunque el gótico mantiene características de los siglos XVIII y XIX, ha desarrollado inquietud, en concreto, por el cuerpo femenino, la transgresión de sus límites y las tensiones patriarcales de la actualidad.
2.2. El retrato de Dorian Gray (1890), Oscar Wilde
En la trayectoria literaria de Oscar Wilde (1854-1900) fue fundamental la influencia del arte sacro y la literatura católica, pues estas temáticas le generaron interés por escribir acerca del pecado y las fronteras entre el bien y el mal. Una de las causas de su literatura también fue la educación en una familia acomodada dentro de la sociedad victoriana, a la que sostenían las apariencias, aspecto que Wilde rechazó a lo largo de su vida (Barrera, 2004, p. 70) y que se percibe, de forma explícita, en El retrato de Dorian Gray, novela en la que se explora la moralidad del ser humano, y que trata sobre un aristócrata que disfruta de su juventud y que recibe un retrato que realiza su amigo Basil Hallward. El protagonista se enamora de su propia imagen y se obsesiona con la juventud eterna, suceso que lo lleva a quebrantar las normas sociales para mantenerla. Sin embargo, cada vez que Dorian disfruta del pecado, la pintura le muestra la verdadera imagen de su alma y se deteriora en su lugar.
Esta novela forma parte de la literatura canónica universal debido a su juego con la inmoralidad del ser humano y con la hipocresía social. Por esta causa, generó discordia en la burguesía de la época, e incluso el autor fue condenado por los pasajes que se atribuían a la homosexualidad de los personajes principales (Fundación Pfizer, 2012, p. 116-118). En consecuencia, no se publicó sin censura hasta el año 2011, pues su carácter transgresor contrariaba los valores sociales que se imponían en la época.
En relación con las características mencionadas, Wilde fue un escritor decadentista que defendió la vida hedonista del hombre burgués, y los elementos de esta corriente se encuentran en sus obras mediante el uso de formas artificiosas o la crítica social (Zamora Isabel, 2019, p. 1-8). También se incorporan características góticas a través de la monstruosidad del alma del protagonista y de la abyección, que encarna el elemento fantástico de la novela, es decir, el cuadro que se transforma.
2.3. La sustancia (2024), Coralie Fargeat
La sustancia desarrolla una reflexión feminista acerca del papel de la mujer en la sociedad actual, sobre todo en relación con la industria de Hollywood, que rechaza la vejez del cuerpo femenino y la sustituye por estándares de belleza inalcanzables. La cinta trata sobre Elisabeth Sparkle, actriz popular que, ante el temor de dejar atrás su juventud, se implanta un nuevo tratamiento que le permite recuperarla. Esto confluye en el nacimiento de Sue, una versión joven de sí misma que encarna el concepto contemporáneo de la juventud idealizada (Ruiz de los Santos, 2025, p. 68). Sin embargo, esta mutación se pervierte y, como consecuencia, se produce su transformación en monstruo.
A través del horror corporal y de la abyección, La sustancia se vincula íntimamente con el terror gótico y lo actualiza con las problemáticas actuales acerca de las exigencias sociales y la individualidad de las mujeres (Piñero Gil, 2013, p. 73-74). Por tanto, se genera una reflexión sobre el miedo a la pérdida de la juventud, que se emplea como herramienta para criticar la presión social sobre el cuerpo femenino.
3. Comparación de las obras
En El retrato de Dorian Gray, el debate entre el bien y el mal se plantea a través de la reflexión acerca de los actos de Dorian: Wilde cuestiona si son negativos o se consideran negativos porque así lo dictan las normas sociales, y lo hace mediante un contexto gótico y decadentista que se relaciona con su filosofía. Así, desarrolla una crítica hacia la superficialidad de una sociedad en la que el ser humano no toma decisiones sobre su propia moral. Como comenta José Ignacio Barrera (2004) en su estudio, “la moralidad que Oscar Wilde muestra en la vida de los personajes […] es lo que lleva a la sociedad victoriana, un público tan apegado a las tradiciones, a escandalizarse debido a las supuestas transgresiones” (p. 27). Esto se puede observar en las reprobaciones de Basil Hallward ante los escándalos que produce el protagonista, altercados que señalan cómo su decadencia es percibida por los demás personajes. Aun así, como Dorian se muestra conforme con estas transgresiones, continúa adherido a la personalidad que ha desarrollado. Alvarado Vega (2018) afirma que “predomina el monstruo moral y el terror que teje la novela no es más que la aparición y fortalecimiento de ese monstruo que termina por aferrarse a su condición” (p. 126). Como solución a su conflicto interno, Dorian decide acabar con el retrato que lo atormenta, acto que lo lleva a la muerte y que devuelve al cuadro su belleza. Por tanto, el personaje principal no se describe como la víctima del retrato, sino como un cómplice y villano que utiliza el arte para su propio beneficio.
Otro elemento propio de la literatura gótica, en concreto de la época victoriana, es el uso de un motivo fantástico en una obra realista. En este caso, se trata del retrato (Equipo Editorial CIL, 2013, p. 5), y cumple la función del doppelganger, es decir, una parte del alma que se considera como “símbolo de todos los valores no visibles del ser humano, […] hasta el punto de que quien carece de ella parece perder la identidad” (García Cortés, 2006, p. 99). Este elemento permite al protagonista percibir sus pensamientos ocultos y conocer si se relacionan con el placer o el pecado. De este modo, el retrato no aparece únicamente como el doble de Dorian, sino también como su conciencia. Erika Ada investigó a filósofos como Freud, que estudiaron este término desde el concepto de el otro y consideraron que se trata de un ser que, como forma parte de uno mismo, genera terror familiar y cotidiano (Ada, 2014, p. 5). En este caso, el doppelganger no pertenece al cuerpo de Dorian Gray, sino que se muestra como su reflejo. Esta paradoja aborda dos características de la estética decadentista, el culto al arte y la conversión de Dorian en el villano principal de la novela (Arias Fernández y Espinoza Cano, 2022, p. 23). El doble, por este motivo, representa los conflictos de los seres humanos, y Oscar Wilde los desarrolla a través de un personaje que, por una parte, es aceptado por los estándares sociales y, por otra, representa el peligro y la transgresión (Méndez García, 2014, p. 122).
A causa de los actos inmorales del protagonista y sus consecuencias en la sociedad, se afirma que la novela de Wilde se relaciona con el término de lo abyecto. Como menciona Creed (1993) en sus estudios sobre el terror gótico, “abjection also occurs where the individual is a hypocrite, a liar. Abject things are those that highlight the ‘fragility of the law’ and that exist on the other side of the border” (p. 57). Dorian Gray evoca estas características, pues es un personaje que se refugia en la hipocresía y el engaño para evadir las consecuencias de sus actos: pertenece a los bordes porque conoce la fragilidad de la ley y decide utilizarla a su favor. Además, se emplean otros elementos del terror gótico que permiten la introducción de la novela en la estética decadentista: el pacto por la juventud, que se relaciona con las promesas satánicas, y los diversos pasajes de misterio que muestran la decadencia moral del protagonista, como el asesinato de Basil Hallward. Asimismo, se realizan descripciones que contienen monstruos, oscuridad, seres aterradores o elementos de la noche. Un ejemplo es el siguiente:
Dorian winced and looked round at the grotesque things that lay in such fantastic postures on the ragged mattresses. The twisted limbs, the gaping mouths, the staring lusterless eyes, fascinated him. He knew in what strange heavens they were suffering, and what dull hells were teaching them the secret of some new joy. (Wilde, s. f., p. 208)
En las novelas góticas es común la exploración de la mentalidad del villano, y esto es lo que ocurre en la obra de Wilde, ya que se trata la paranoia masculina ante los conflictos románticos o sociales, como se muestra a través del fallecimiento de la amada de Dorian Gray o las referencias a la homosexualidad (Gutiérrez Hernández, 2009, p. 3). López Santos (2008) comentó en su artículo acerca de los villanos góticos, que son “seres perturbados y satánicos, herederos de los grandes personajes rebeldes, que están condenados a vivir, con clara conciencia de su culpa, en un mundo que no puede perdonarlos” (p. 197-198), características que encajan con el protagonista de El retrato de Dorian Gray, pues en diversos pasajes se menciona cómo la maldad le influye placer, pero, a su vez, lo hace sentir culpa.
Gran parte de estas ideas góticas, aunque con un lenguaje cinematográfico y contemporáneo, se encuentran en La sustancia, película en la que se abarcan temáticas similares, pero no desde el arte, sino desde la ciencia, por lo que los fármacos se muestran como los herederos de los pactos satánicos que se desarrollan en obras como El retrato de Dorian Gray.
La cinta cinematográfica se articula mediante el uso de un elemento paranormal en un universo que se aleja de la fantasía, que es el fármaco que toma la protagonista. Por tanto, la ciencia cuenta con un papel fundamental, pues produce el nacimiento del monstruo moral, que representa las ansiedades de la época, como sucede en obras góticas clásicas de la talla de Frankenstein o el Moderno Prometeo (1818) o El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886) (Villacañas, 2001, p. 197). La cineasta también incorpora su obra a la corriente de películas de terror contemporáneas, a raíz de las similitudes que mantiene con cintas como Titane (2021) o Raw (2016), que han utilizado el cuerpo femenino como agente de horror a través de temáticas como la maternidad, la sexualidad o la verdadera naturaleza de las mujeres que han sufrido la presión patriarcal (Krupa, 2025, p. 61-62). Por tanto, la película forma parte del nuevo terror o elevated horror:
‘Elevated horror’ proves more suitable, as more often than not, the conventions of traditional horror remain, but are ‘elevated’ through the films’ presentation. For the horror genre as a whole, this represents a new trend in horror moviemaking, where traditional aesthetics and narratives give way to more intelligent, less accessible ones. (Varaksin, 2021, p. 3)
En relación con este concepto, en La sustancia se hace uso del horror corporal, porque tiene el objetivo de desagradar a los espectadores y transmitir la crítica. Como comentó Oates (2024),
el horror corporal se dirige con más fuerza a las mujeres y a las niñas. Ser mujer es habitar un cuerpo que por naturaleza es vulnerable a la invasión forzosa, susceptible a la penetración y a los embarazos, y condenado a sufrir el parto. (p. 12)
Así pues, este recurso tiene la función de señalar la preocupación social en lo referido a los cuerpos femeninos, que se desechan cuando pierden el atractivo juvenil. En consecuencia, en la cinta se encuentran escenas de impacto visual, como espaldas que se abren o uñas que se doblan, que forman parte del tránsito hacia la monstruosidad. Sin embargo, no se emplean únicamente como elementos escatológicos, sino que encarnan la decadencia moral, social y física de la protagonista (Molinari, 2024, p. 172). El uso de la figura monstruosa muestra cómo la sociedad exige a las mujeres la adaptación al modelo patriarcal a pesar de sus límites corporales, ya que, a través de la pérdida del cuerpo de Elisabeth, que sucumbe a la muerte, se plantea la violencia estética que produce la mirada masculina. Cervantes Maciel (2024) comenta que “el cambio de cuerpo, como metáfora de la transformación del ser, es visualmente impactante y refleja el proceso simbólico de la dominación de género y la objetivación del cuerpo” (p. 285). Debido a esto, el horror corporal y la creación de un monstruo mediante los avances científicos son los métodos efectivos que emplea Coralie Fargeat para convertir la película en una sátira hiperbólica sobre la sociedad contemporánea.
Por otra parte, estas escenas desagradables se consideran abyectas. Julia Kristeva relacionó este término con lo monstruoso y con otros conceptos como la muerte, la mujer, o las alteraciones corporales, que aparecen con función protagonista en la película. El cuerpo de Elisabeth, por el simple hecho de ser femenino, es abyecto incluso antes de convertirse en monstruoso, al contrario que, por ejemplo, el de Dorian Gray, que debe transgredir los límites morales para llevar a cabo el proceso de abyección (Creed, 1993, p. 53).
Actualmente, mediante la sobreestimulación de los medios de comunicación y las redes sociales, se tiende a comparar y a sustituir los cuerpos por otros más jóvenes con el objetivo de conquistar el mercado, por lo que el verdadero terror reside no en el cuerpo, sino en las sustancias que se emplean para mantenerlo. Lipovetsky y Serroy (2013) ahondaron en este concepto en su publicación La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico. Con relación al concepto mencionado, sostienen que “la industria crea baratijas kitsch y no cesa de lanzar productos desechables, intercambiables, insignificantes; […] el modo de producción capitalista se estigmatiza como barbarie moderna que empobrece la sensibilidad, como orden económico responsable de la devastación del mundo” (p. 7-8). La sustancia está relacionada con este capitalismo artístico, debido a que ejemplifica la unión entre el arte, es decir, el talento de la protagonista, con lo económico, que representa la sustitución constante de unos cuerpos por otros. En este contexto, el mercado genera monstruos y obliga a las personas a suprimir su vertiente humana. El cuerpo adquiere carácter de recipiente, pues es la superficie de los seres humanos, y la sociedad prioriza a los que se moldean según las expectativas del mundo del espectáculo. Por tanto, se utiliza la ciencia contra la biología para perfeccionar los cuerpos (Tejeda, 2012, p. 17-20), por lo que, en La sustancia, Elisabeth debe experimentar un cambio en su físico y también uno más profundo, que abarca su identidad y su autoconcepto (Socas Pérez, 2018, p. 544). Esta mercantilización de las mujeres se muestra en las escenas de la película en las que los directores de Hollywood realizan entrevistas a diversas actrices y únicamente tienen en cuenta sus cuerpos.
Así, se demuestra que la cinta cinematográfica adquiere características del terror gótico. Sin embargo, en lugar de casas encantadas, pactos satánicos o paisajes nocturnos, se relaciona con el género a través de fármacos y del horror de lo cotidiano: el mundo del espectáculo se convierte en el nuevo espacio gótico. También se aleja del género a causa de nuevas preocupaciones que difieren de las que se exponían en la época victoriana, pues cuenta con una mirada feminista y con elementos cinematográficos que se han desarrollado, sobre todo, durante el siglo XXI.
Como elementos comunes de las dos obras que se analizan, las temáticas de El retrato de Dorian Gray y de La sustancia cuentan con vital importancia hoy en día, pues no son pocas las personas que han decidido luchar contra el envejecimiento a cualquier precio. Wilde criticaba la superficialidad de las personas que pertenecían a la época victoriana, y lo ejemplificaba mediante la transgresión de las normas. Fargeat utiliza el rechazo a los ideales de belleza inalcanzables de la sociedad contemporánea con el objetivo de criticar el envejecimiento femenino como tabú social. Finalmente, los actos de los protagonistas y sus transgresiones morales los devoran, por lo que ambos demuestran que la sociedad, independientemente de la época, engulle a los individuos.
Por otra parte, apelan al terror gótico como método para transmitir la oscuridad de los personajes y sus deseos internos (Perrés Pozo, 2024, p. 450). Las dos obras plantean la dualidad entre el bien y el mal: Wilde lo hace desde el decadentismo y la reflexión sobre los actos del individuo, y Fargeat a través del horror corporal, la abyección y el capitalismo artístico. Sin embargo, coinciden en el uso de elementos paranormales en historias realistas, que son el retrato, externo al cuerpo del protagonista (Ada, 2014, p. 5), y Sue, la doble de Elisabeth, que nace de su propia corporalidad. Otra característica del terror gótico que se encuentra tanto en la película como en la novela es la abyección: Wilde la trabaja a través de la hipocresía del individuo y presenta a un personaje que se convierte en abyecto a medida que evoluciona (Creed, 1993, p. 57); Fargeat, por otra parte, desarrolla a una protagonista que nace en la abyección, pues representa al cuerpo femenino que envejece. Mientras que el escritor utiliza este concepto desde lo moral, la cineasta lo hace desde lo corporal.
Pese a las similitudes que se demuestran, también distan en diferentes concepciones, como en el desarrollo del terror gótico en El retrato de Dorian Gray, una obra en la que aparecen elementos clásicos del género de forma explícita. La atmósfera se muestra a lo largo de toda la novela a través del pacto satánico, el misterio, los paisajes oscuros o la presencia del protagonista como villano gótico (Gutiérrez Hernández, 2009, p. 3). La cinta cinematográfica aborda el género desde otra perspectiva, que se relaciona con el horror corporal, que lleva a los cuerpos femeninos a relacionarse con el capitalismo artístico. Aunque en ambas manifestaciones se trata del mismo motivo, Dorian Gray busca la belleza con un objetivo narcisista y desde la sátira decadentista y el monstruo moral. La protagonista de la película trata de recuperar sus años pasados por las exigencias sociales de la industria cinematográfica. Además, Elisabeth recurre a la eternidad a través de la ciencia, mientras que Dorian lo hace mediante el arte (Fernández, 2024, p. 15). Por consiguiente, las obras demuestran que el terror, además de generar miedo, funciona como método para tratar las ansiedades sociales de cada época.
Conclusiones
Tras el análisis de las obras se puede afirmar que, pese al paso del tiempo, algunas temáticas del terror gótico aún cuentan con vital importancia. En este caso, tanto El retrato de Dorian Gray como La sustancia abarcan la pérdida de la juventud y la crítica, pues en la actualidad se continúa con la discriminación social, cuestión que han denunciado ambos autores: uno de ellos mediante el horror corporal y el uso de fármacos científicos, y el otro, a través del decadentismo y el monstruo moral.
Por un lado, en la novela de Wilde, se muestra un protagonista que realiza un pacto para mantener su juventud y que, a cambio, debe contemplar su deterioro moral. Por otro, la cinta cinematográfica satírica de Coralie Fargeat trata la misma temática a través de un personaje que envejece y que emplea un compuesto químico para evitarlo, que muestra los ideales del capitalismo artístico y la mercantilización del cuerpo femenino. Dorian Gray expresa la lucha de un autor que vivió atrapado en la rígida aristocracia de su época, mientras que Elisabeth Sparkle es la historia de una mujer a la que la industria de Hollywood deshecha por envejecer, una fase natural del desarrollo humano. Ambos tratan de conseguir la belleza a toda costa, que se convierte en un producto social.
Esto demuestra que las manifestaciones artísticas, desde la literatura hasta el cine, han tenido la capacidad de explorar las inquietudes de los seres humanos y el objetivo de modificar los aspectos que limitan la libertad, y el terror gótico es un género que permite llevarlo a cabo mediante la abyección, el doppelganger o el uso de elementos paranormales. Es fundamental el estudio de estas obras y el de muchas otras para reivindicar los derechos de los seres humanos. Esa es la verdadera función del arte.
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*María Gómez García es Filóloga, graduada en el Grado en Español: Lengua y Literatura de la Universidad de La Laguna (ULL). Actualmente, cursa el Doctorado en Arte y Humanidades y realiza una tesis doctoral que se titula “El terror gótico y su influencia en la narrativa actual: cartografía de lo siniestro en España, Ecuador, Argentina y Chile”. Codirige la Revista Literaria Aguaviva de divulgación canaria y forma parte del equipo organizador del Seminario Internacional Tenerife Noir de Investigación en el Género Negro. Además, ha presentado varias comunicaciones en el IX Seminario Internacional Tenerife Noir de Investigación en el Género Negro (ULL), el I Congreso HumanizArte en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHCAN), el Congreso Pedro: contra viento y marea y las VIII Jornadas doctorales LETRAL en la Universidad de Granada (UGR).