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Antequera: Eduardo Toniolli (2018). Manuel Gálvez. Una historia del nacionalismo. Rosario, Editorial Remanso argentino.


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Un libro sobre los aportes del escritor Manuel Gálvez (Paraná, 1882- Buenos Aires, 1962) al proceso de consolidación del nacionalismo en Argentina podría ser un modo productivo de caracterizar este texto publicado por la editorial rosarina Remanso. Sin embargo, en esta concisión de la forma se escaparía el núcleo central del libro que escribió el politólogo Eduardo Toniolli: que se abre en abanico a otras problemáticas pues lo considera al escritor “como un precursor en el planteo de la necesidad de articular nacionalismo con soberanía popular, además de trasladar conscientemente esa lectura a su obra literaria” (p. 175).

En efecto, el itinerario intelectual de este novelista y ensayista de gran aceptación popular es visto, desde estas más de trescientas páginas, al compás de los excursus (de un precursor) que franqueó y que incluyó apoyar, a contramano de su círculo social y familiar, la candidatura de Yrigoyen para luego azuzar el golpe de Uriburu con su posterior desencanto. En estos y otros devaneos se cincela la figura de intelectual que Toniolli examina. En clave diacrónica, entonces, atravesando las diversas inflexiones del nacionalismo que Gálvez fue cimentando a lo largo de su trayectoria, este texto se nos presenta como aglutinador de los relevantes aspectos a los que atender para construir una mirada panorámica −aunque no por esto menos profunda− de sus aportaciones.

Otrora una tesis en ciencia política con la que el autor se doctoró en la Universidad Nacional de Rosario en 2012, dirigida por Horacio González y el recordado Ricardo Falcón, este libro rotura un camino productivo por los resquicios de una figura sugestiva por heterogénea y polémica. Aunque declaradamente sin pretensiones biográficas, el texto despliega en seis capítulos (más introducción y epílogo) una considerable biografía intelectual: un hombre es entrecruzado en filigrana con un tiempo −el libro aborda desde los años diez a la década del cuarenta−, y con otros hombres −los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas, entre otros−, desplegando así las derivas de una lectura y una escritura propias del nacionalismo en la Argentina. Entre justicia social y orden, entre experiencia de best seller y búsqueda espiritual, entre aversión al positivismo y encendido catolicismo, el volumen delinea los rasgos de uno de los escritores más populares de su época y, de este modo, desovilla sus múltiples −y eficaces por briosas− intervenciones literarias.

Más allá de las polémicas literarias y más acá de esa imagen de escritor que contribuyó a forjar con sus cuatro tomos de memorias titulados Recuerdos de la vida literaria y con el volumen El novelista y sus novelas, esa pulsión galveziana por la escritura de novelas sociales de redención le significó ser blanco de críticas de vanguardistas tan heterogéneos como Macedonio Fernández, Roberto Arlt y la revista Martín Fierro; pero le garantizó asimismo el acompañamiento del público lector, que se estaba ampliando y consolidando. Con respecto a las tensiones sociales vistas desde el ángulo literario, tanto Nacha Regules (1919) como Historia de arrabal (1922), aunque podríamos citar muchas otras novelas, nos remiten al interés de Gálvez por las problemáticas sociales desde un pietismo que lo liga a Elías Castelnuovo y al grupo de Boedo todo. Cuestión refrendada hacia 1924 cuando los boedistas Nicolás Olivari y Lorenzo Stachina publicaron la primera obra celebratoria de Gálvez (p. 109). Según expresa Guillermo David en el prólogo, Gálvez “junto a la crítica del sujeto popular (la maestra normal, el paisano y el paisaje del interior, las clases medias existencialistas que portan el mal metafísico, etc.) postuló el pasaje del mundo de los seres ficticios al mundo de los seres reales” (p. 11). En efecto, más que los proletarios, en el realismo galveziano, toman la palabra los caídos y los redimidos.

En el primer capítulo del libro, Toniolli articula las obras de Gálvez ligadas a la década del 10 −El diario de Gabriel Quiroga (1910), El solar de la raza (1913), La inseguridad de la vida obrera (ambas publicadas en 1913) y El mal metafísico (1916)− como antecedentes necesarios para la construcción de un “sustrato original” (p. 27), a través del par tradición y progreso, visto no como especular oposición sino como engranajes concatenados. En El diario de Gabriel Quiroga (1910), Gálvez recala en el interior de la Argentina, a instancias de múltiples viajes realizados bajo los impulsos profesionales de ser inspector de enseñanza secundaria y normal, y traza una crítica feroz al materialismo y al cosmopolitismo de la ciudad puerto (p. 34), para reivindicar −en franco contraste− el interior profundo y sus tradiciones incólumes (p. 34). Más adelante, tomando como eje los años de preparación al golpe de estado de septiembre de 1930, más precisamente entre 1928 y 1930, el segundo capítulo del libro de Toniolli gira en torno a la construcción de un nacionalismo republicano y lo sitúa a Gálvez a caballo de la novela social y el ensayo político. El capítulo tercero se ocupa de la experiencia uriburista en Gálvez. En el siguiente, Toniolli articula fe y política a partir del estudio tanto de los Cursos de Cultura Católica como de la revista Criterio para proponer que el escritor estudiado refrendaba en cada gesto escriturario y modulaba en cada intervención en el campo intelectual ese ideal de recristianización de la sociedad. En el quinto capítulo, a partir de la figura rectora de Juan M. de Rosas se esbozan los vínculos entre el nacionalismo y el revisionismo histórico.

Por su parte, en el capítulo sexto, Toniolli discurre por los entresijos de la potente autofiguración galveziana apoyada tanto en la circulación e inscripción social de su obra como en sus estrategias de construcción de un legado intelectual. Visto a sí mismo como un antiLugones, escritor de minorías y de fracasadas obras en prosa, Gálvez se refrenda en su público, en su popularidad y en su estilo llano o franqueza estilística (p. 309). Sin dudas, este volumen reúne años de investigación sobre esta figura problemática y propone un recorrido que va desde el acto mismo de escribir en Gálvez hasta su ejercicio de cimentada autofiguración: “En sus memorias, Manuel Gálvez construye una imagen retrospectiva de sí que incluye esta doble percepción: se considera a sí mismo como precursor de un nacionalismo no elitista, atento a la voluntad y bienestar de las masas, pero además, pretende erigirse en constructor efectivo de la inscripción social masiva de sus ideas” (p. 293).

Los textos analizados en el libro ponen en evidencia esa juntura compuesta por historia, política y literatura, por cierto parte del título primigenio del texto cuando fue presentado como tesis doctoral. De este modo, a través de textos dispares como novelas que realmente fueron grandes éxitos editoriales en su época, la citada autobiografía del escritor, el libro sobre la Guerra del Paraguay, junto a textos críticos de corte filosófico y político (ya que también están presentes Joseph de Maistre y el conde de Bonald), el volumen nos muestra que en Gálvez -el escritor de las clases medias, como lo caracterizaron Adolfo Prieto y David Viñas- se articulan notoriamente esquirlas de un discurso compuesto por tradición, espiritualismo y vocación social.

Cabe destacar también que libro cuenta asimismo con un interesante trabajo archivístico: nos referimos fundamentalmente a la labor investigativa con el diario nacionalista La Nueva República y con la ya nombrada revista Criterio. Aquí las cartas ya están echadas y se presenta en este punto al Gálvez férreamente cristiano donde la literatura puede asimilarse sin más a actividad catequética. Masas plebeyas, experiencia del Otro y sacrificio redentor son el trípode que bascula en esta trama anclada en una modernidad alternativa, al decir de Toniolli.

En rigor, al proponer una modernidad alternativa, Gálvez se zambulle con tesón en el intento de salvar al país tanto del materialismo como del cosmopolitismo, porque no quedan dudas que para él escribir es argentinizar (p. 254). El libro plantea que el escritor enhebrará una concepción cultural conservadora junto a un pensamiento social de avanzada, que más de una vez lo expondrá a fracturas con el imaginario y el sentido común de su círculo social y familiar más cercano (p. 317).

En resumidas cuentas, el nacionalismo (los nacionalismos de Gálvez, mejor) inserto en los avatares de una clasificación escurridiza y esquiva se presenta como objeto multiforme que acompasa los ribetes que dicha categoría tomó a lo largo de los años. Es así como, a través del cristal de un itinerario biográfico y literario particular que condensa cinco décadas de intensa labor, el texto de Toniolli implica un significativo aporte para repensar la historia del nacionalismo argentino.

References

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Eduardo Toniolli (2018). Manuel Gálvez. Una historia del nacionalismo. Rosario, Editorial Remanso argentino.

Eduardo Toniolli 2018Manuel Gálvez. Una historia del nacionalismoRosarioEditorial Remanso argentino



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