Encabezado de página

La concepción contemporánea del trabajo en una encrucijada

Javier R. Alegre
Idioma: es

Resumen

En este artículo escribo sobre el trabajo. Aclaro que lo hago porque me resulta mucho más fácil escribir sobre, que trabajar. Es más, conozco a alguien que me confesó que estudió filosofía porque le parecía la manera más elegante y sutil de no trabajar –y sino, que me desmientan los antiguos griegos, agregó–. Esta humorada inicial tiene por objetivo explicitar ciertos preconceptos y situarnos en lo que es mi objetivo: reflexionar acerca del concepto de trabajo y las implicaciones que posee para la vida humana. Si usted pudo entender el chascarrillo es porque existe una visión en la que pensar no es una actividad que merezca ser incluida dentro del rubro trabajo; esta concepción está emparentada con el industrialismo del siglo XIX y continúa presente en algunos sectores de la población. Pero aunque la mayoría de los lectores de una revista especializada en filosofía como ésta no comparta este punto de vista –entre otras razones porque nos deja mal parados ante los ojos de los demás a quienes realizamos tareas intelectuales–, se volvería mucho más difícil lograr un consenso afirmativo si alguien sostuviera que un individuo está trabajando cuando, por ejemplo, lee y reflexiona solo en su casa, sin estar al amparo de una organización, sin recibir retribución monetaria por ello y sin estar sujeto a horario alguno –por pura voluntad o placer diríamos–. Este segundo enfoque sobre cuáles son las características que delimitan aquello que es trabajo de lo que no es, tiene que ver con las condiciones socio-económico-laborales de la última mitad del siglo XX y es el imperante en la actualidad


DOI: http://dx.doi.org/10.30972/nvt.013231

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