Revista Científica de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales
y Políticas - UNNE, Vol. 4 Núm. 2, 2025. E-ISSN 2953-4232
https://doi.org/10.30972/rcd.458576
Mini-artículos de investigación

Masculinidades, cuerpo y activismo

Masculinities, body, and activism

Carlos Andrés Jiménez1,c1ORCID iD

1Instituto del Conurbano, Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina

1,c1cjimenez@campus.ungs.edu.ar

Fecha de recepción: 22 de mayo de 2025

Fecha de aceptación: 18 de agosto de 2025

Resumen

En los últimos años proliferaron espacios de activismo de varones –que empujados por mujeres y disidencias sexo genéricas- comenzaron a cuestionar sus privilegios y fueron adhiriendo -con cierto desconcierto-, al ideario feminista. Estas organizaciones de varones (algunas dentro de espacios partidarios, gremiales, académicos, del activismo de género, y de organizaciones comunitarias) intentan promover un conjunto de acciones orientadas a sumar a otros varones, con el fin de reflexionar sobre la importancia de deconstruir las masculinidades hegemónicas. Si bien estos varones reconocen al “género” como una construcción social, no logran ver la dimensión performática del modo de ser varón en sus prácticas políticas. Este artículo realiza una revisión teórica y analiza entrevistas en profundidad a activistas que militan en espacios de varones que abrevan por la igualdad de género. 

Palabras clave: géneros, feminismos, performatividad, desigualdades, arte

Abstract

In recent years, spaces for male activism have proliferated—driven by women and gender-diverse individuals—where men have begun to question their privileges and, somewhat bewilderedly, started to adopt feminist ideals. These male organizations (some within political parties, labor unions, academic settings, gender activism, and community organizations) aim to promote a set of actions designed to engage other men in reflecting on the importance of deconstructing hegemonic masculinities. Although these men recognize “gender” as a social construct, they often fail to grasp the performative dimension of masculinity in their political practices. This article offers a theoretical review and analyzes in-depth interviews with activists who participate in male spaces that advocate for gender equality. 

Keywords: genders, feminisms, performativity, inequalities, art

Género, masculinidades y activismo

Más allá de que en los últimos años -en la Argentina- se logró avanzar en la ampliación de derechos de las mujeres y las disidencias, producto de años de luchas en la actualidad tras el avance de la derecha a escala regional y local nos enfrentamos a la proliferación de discurso de odio en las diferentes esferas de la vida social.

Diferentes autoras como Joan Scott (1986), Judith Butler (1986), Monique Wittig (1992), coinciden en que el género es una construcción socio histórica, cultural, que organiza y regula los comportamientos, cuerpos y relaciones de poder asimétricas configuradas por las lógicas de acumulación capitalistas (Federici, 2015). Ellas también coinciden en la intersección entre género y poder, es decir que el género opera como un sistema de significación de las desigualdades. Además, Butler profundiza el desarrollo teórico sobre que el género no es un hecho biológico, sino un proceso dinámico y político. Ana María Fernández (1992) sostiene que el género es un “dispositivo de poder”, esta autora recupera la idea de Foucault y sostiene que el género opera como un sistema de normas, discursos y prácticas que configuran las subjetividades y las relaciones sociales, marcando límites y asimetría de poder. En este punto, Fabbri (2021), coincide y agrega que la masculinidad en tanto construcción social, se constituye entonces como dispositivo de poder que organiza y regula las subjetividades y las relaciones sociales dentro de un marco heteronormativo y patriarcal.

Dentro de los estudios de género, situamos a los estudios de las masculinidades. Desde los años 80 hasta entrar al nuevo milenio, los trabajos e investigaciones sobre las masculinidades giraron en torno a conocer las formas de violencias a partir de la construcción del género (Careaga y Cruz, 2006; Benno de Keijzer, 2003; Aguayo y Sadler, 2011). Desde los años 2000 en adelante, fueron proliferando textos desde una perspectiva feminista, que cuestionaban fuertemente las desigualdades sexo genéricas e invitaban a promover la reflexión crítica respecto de este modelo hegemónico de la masculinidad para comprender las formas de dominación asociadas a la construcción de los modos de ser varón (Bonino, 1994; Tajer 2004; Jiménez 2021). Estos estudios comenzaron a poner el foco en la identificación y problematización de los estereotipos de género, los códigos, las jerarquías, las complicidades y las violencias que se reproducen entre varones cis en diferentes espacios cotidianos de pertenencia y socialización.

En esta línea, la producción teórica sostiene que la construcción de los modos de ser varón, se produce en diálogo con lo que es considerado -no masculino- que es el modelo binario (mujer-varón), además de ser concebido como lo opuesto asociado con lo femenino (Connell, 1997; Marqués 1997). Desde los estudios situados y territoriales de las masculinidades (Jiménez y Tierradentro, 2021; Jiménez y Zoroastro 2022), consideramos que la construcción de la masculinidad hegemónica se configura en las relaciones de poder que se construyen en y desde el territorio. Estas contribuciones teóricas consideran que esa masculinidad se configura en diferentes planos; en el subjetivo, en el familiar, dentro de las relaciones entre pares y en el barrio.

Los estudios de masculinidades coinciden en que los estereotipos y los roles de género asignados a los varones, también asignan mandatos, valores y expectativas sociales. Por ejemplo: se espera que sean fuertes, que no lloren, que sean racionales, que no demuestren su sensibilidad y sus emociones, etc. Es así, que en las sociedades patriarcales se reprimen y fomentan acciones en los niños varones, situaciones que van a moldear sus deseos, intereses, expresiones, sentimientos y modos de vincularse con el entorno. En este sentido, dos dimensiones resultan adecuadas para retomar en este trabajo: las emociones y la performance masculina. Sobre las emociones podemos destacar que son vivenciadas por las masculinidades desde el mandato y rol de su género, por lo tanto, son negadas y/o no expresadas, al menos públicamente. En esta situación se ven entrampados, lo cual determina frustraciones y malestares en la vida cotidiana (Connell, 1997). Sobre lo performático encontramos que el mandato masculino de mostrarse exageradamente supone poner en escena un personaje, una ficción que no les permite mostrar otros deseos, sensaciones, y/o emociones que son reprimidas o anuladas (Marqués, 1997). En esta línea Judith Butler en su texto “Cuerpos aliados y luchas políticas" pone el foco en la intersección entre la política, los cuerpos y la performatividad del género. De estos aportes, se destacan dos elementos en claves, el primero es que retoma y amplía su teoría de la performatividad del género, que postula que el género no es algo que uno es, sino algo que uno hace, por lo tanto las identidades de género se construyen a través de actos repetidos y cotidianos. Lo segundo que quiero destacar es que Butler analiza a las protestas y manifestaciones como actos performativos que reconfiguran el espacio público. Allí, Butler dice que, en la espacialidad, los cuerpos en protesta no sólo demandan derechos, sino que también evidencian la interdependencia y la vulnerabilidad de las personas en la sociedad actual.

Butler sostiene que los “actos performativos” reconfiguran el espacio público, esta noción es enriquecida por la propuesta de performace que proponen el colectivo feminista chilena “Las tesis” donde afirman que los actos performativos, no sólo implican a quienes ejecutan la acción artística, sino que también involucran a quienes están viendo ese evento (Lastesis: 2021). Acción que ocurre en un tiempo y espacio determinado, donde se encuentra presente un tipo de lenguaje y de herramientas artísticas. La propuesta de “Las tesis”, contiene dos nociones importantes para los estudios situados, la espacialidad y la temporalidad, estas son las coordenadas desde donde se produce una territorialidad determinada. Esta definición le imprime docilidad al concepto de territorio. Es decir cualquier espacialidad dotada de un tipo de lenguaje, arte y personas, puede configurar una nueva territorialidad; es decir nuevas relaciones de poder.

Sin duda, una de las características principales de un acto performático es la posibilidad de ser replicado, y que en cada acción se producen nuevos significados (Vázquez, 2019). Las performances que son reproducidas y que se expanden en diferentes protestas constituyen en iniciativas que, en línea con lo que plantea Ranciere (2010) en el “Espectador Emancipado”, rompen con las fronteras entre el espectador y quienes ven ese arte. Es decir, el observador pasa a formar parte de ese hecho artístico, y es un potencial referente que puede reproducir, expandir, desarrollar, politizar y multiplicar estas experiencias performativas.

Ana Longoni (2010), propone una definición del activismo artístico, donde la producción y acciones que utilizan recursos artísticos, permiten tomar posición e incidir de alguna forma en el territorio de los políticos. Esta definición me resulta interesante porque pone el foco en tres elementos centrales desde una perspectiva política y de asimetrías de poder. Primero el rol que asume el cuerpo, segundo el papel que asume la expresión artística (danza, música, teatro etc.) y finalmente, lo clave que resulta la espacialidad pública (el territorio en tensión) como caja de resonancia. Estas coordenadas teóricas resultan muy pertinentes para analizar la cuestión del artivismo en varones y se retomaron como categorías de análisis para el trabajo de campo. Emociones, performance y cuerpos son las tres categorías de análisis de este artículo.

Consideraciones metodológicas

Considerando el desarrollo conceptual situado en los aportes de las teorías de géneros y de los feminismos en perspectiva histórica, este trabajo utiliza una metodología cualitativa centrada en una comprensión analítica de un caso de estudio que permite analizar en profundidad, experiencias y significados de actores involucrados en este objeto de estudio (Sautu, 2003). En este sentido, las entrevistas en profundidad resultan una técnica adecuada para esta indagación, por un lado, porque ponen en evidencia cómo el cuerpo se convierte en un lugar de construcción de identidades, de expresión de género, y de reproducción o resistencia frente a normas sociales, por lo tanto, permite reconocer cómo los cuerpos están atravesados por la dimensión política. Por otro lado, la entrevista aplicada a las masculinidades resulta adecuada porque favorece un acercamiento pertinente que propicia una conversación situada y reflexiva.

Para privilegiar la indagación densa, se realizó un trabajo de campo con entrevistas en profundidad a cuatro varones que militan en dos organizaciones sociales antipatriarcales y a favor de la igualdad de género. Para seleccionar los casos, se definió optar por diferentes perfiles de activistas, dado que aportan miradas singulares y complementarias; un caso refiere a un militante territorial, otro es académico, otro es artista y el último profesional. Las características comunes entre los casos seleccionados, consiste en que todos son varones cis adultos, tienen entre 25 y 40 años, son heterosexuales y habitan en la región del conurbano. Las características diferenciales radican en que dos de ellos son padres, otros dos aún no vivencian esa experiencia. Otra diferencia consiste en el uso del cuerpo en las actividades laborales, el perfil de militante territorial y el de artista poseen diferentes experiencias de trabajo corporal en su práctica de trabajo, a diferencia del perfil académico y profesional que no ponen en juego la expresión corporal en sus empleos.

El análisis de los resultados retomó los aportes de las epistemologías feministas donde el cuerpo, las emociones y la subjetividad también resulta central para el análisis narrativo y de contenidos de las entrevistas (Haraway, 2013; Hooks 2015). En el siguiente apartado, se desarrolla el análisis de tres de los ejes definidos; las emociones y subjetividad, la dimensión performática del cuerpo y finalmente el activismo artístico.

Apuntes para el activismo de las nuevas masculinidades; cuerpo, arte y reflexión

Retomamos tres ejes desarrollados en este apartado conceptual; sobre la subjetividad y las emociones, sobre la dimensión performática y el cuerpo y finalmente sobre el activismo artístico. En el plano de la subjetividad masculina y las emociones, encontramos que desde la configuración del rol y del mandato hegemónico, a los varones se les educa para negar el universo afectivo. En este sentido, podemos remarcar que las emociones son negadas y/o no expresadas, al menos públicamente. Este es el primer elemento que identifican los varones que comienzan a cuestionar sus privilegios, es el primer paso para identificar el plano de desigualdades de género, por lo general los varones que están en espacios de militancia antipatriarcal, ya tienen trabajado este plano, con mayor o menor nivel de profundidad. Los varones que participan en espacios de activismos identifican que, ser conscientes de las relaciones de género, les permitió pensar y replantearse sus creencias a sí mismos, este es un elemento central que manifiesta un cambio en la subjetividad y los modos de vinculación emocional, sobre uno de los casos señala (Entrevista 2);

Hoy registro como grandes transformaciones, el vínculo conmigo, aprender y seguir aprendiendo a registrar mis emociones, mis estados, darles lugar, transitarlos y compartirlos con otras personas y empezar a priorizar mi salud, tanto física, emocional y espiritual, hoy me registro más responsable, desde la afectividad, dando lugar a la escucha, a intentar ser claro y consciente de lo que digo.

Asimismo, hay una identificación de que resulta un proceso que lleva tiempo, y que no se hace en solitario. Aquí aparece la figura de la compañera, que se torna central en este camino. La reflexión personal adquiere una centralidad notable, no obstante el acompañamiento del entorno, también resulta necesario y las figuras preponderantes que aparecen son las parejas, hijas y amistades (Entrevista 1, 3 y 4). Señalan que comenzaron a vincularse consigo mismos desde otro lugar, y eso decantó en otras prácticas con sus propios cuerpos, otro de los casos menciona (Entrevista 3);

…en principio cambió la relación conmigo mismo respecto del cuidado de manera general y sobre la salud en particular, comencé a adoptar más medidas de cuidado de manera permanente, empecé a cuestionar las situaciones en las que corrí algún riesgo debido al ejercicio de masculinidad, o por pertenecer, así que empecé a no exponerme a situaciones de riesgo y a disminuir los consumos de alcohol y tabaco. De mis emociones en general que antes no manifestaba o tendía a tapar con consumos o a olvidar…

Uno de los elementos difíciles de desarmar en la configuración de la nueva masculinidad, es la figura de los pares (los otros varones del entorno). Así, la mirada de los otros condiciona, limita, restringe y obtura las reflexiones sobre la propia masculinidad (Connell, 1997; Marqués, 1997). Frente a eso, los varones optan por enfrentar la continuidad donde los vínculos de diferentes modos, uno de los referentes detalla (Entrevista 1);

…en diferentes ocasiones me ví en la necesidad por resguardarme o no exponerme, de cortar vínculos con varones a los que consideraba mis amigos de la infancia y adolescencia. En otros casos intenté cuestionar y manifestar mi malestar respecto de algunas actitudes y temas de conversación en algunos casos con buena recepción en otros no...

Es aquí donde estos varones buscan la posibilidad de construir vínculos con varones con los que comparten ideas, formas, reflexiones relacionadas con las masculinidades, allí se forman nuevos vínculos que habilitan, entre otras cosas, el desarrollo de espacios de activismo antipatriarcal. Al parecer el proceso de construcción de estos activismos, implica un trabajo previo individual, donde lo colectivo es relevante, desde las figuras que acompañan ese proceso (compañeras, hijas, etc), hasta los otros varones con los cuales encontrarse y construir espacios críticos de la masculinidad hegemónica.

Sobre la dimensión performática y el cuerpo, se evidencia que la reflexión individual que configura otros matices en la subjetividad, promueve otras expresiones que habilitan el uso del cuerpo de manera distinta. El principal obstáculo sigue siendo la mirada de los otros varones, por lo que se produce un doble juego: lo que se puede ocultar y lo que no se puede mostrar. Por un lado, las emociones, el llanto, la tristeza, la depresión y los estados de ánimo son aspectos a esconder. Por otro lado, la estética, las prácticas, y el uso de cuerpo no se puede ocultar frente a la mirada de los otros varones, por ello limitan toda la expresividad corporal que se encuentre por fuera de los mandatos de la masculinidad. El cuerpo está habilitado para algunas prácticas para la masculinidad hegemónica, y para otras no. Es decir, por un lado prácticas y expresiones que pongan en riesgo el cuerpo son valoradas positivamente (descuido de la estética, consumo excesivo, pleitos, riñas, juegos de demostración de habilidad y fuerza, tono de voz elevado, expansión del cuerpo en las gestualidades, etc.), y prácticas y expresiones que sensibilicen y/o cuiden el cuerpo son condenadas (uso de ropas coloridas, estética cuidada, accesorios de cuidado como paraguas, protector solar, también voz suave y baja, cariño y sensibilidad gestual, suavidad, etc.).

Los varones entrevistados señalan que sigue estando presente el miedo al qué dirán por parte del resto de los varones, más allá de tener claras las limitaciones de los roles y mandatos de géneros. El cuerpo masculino, parece que sigue siendo propiedad del resto de los varones, frente la supuesta soberanía que denotan. Lo performativo, en todo caso, aparece asociado a profundizar las expresiones masculinas para sumar adherentes en sintonía con los mandatos propios de la masculinidad hegemónica, ligadas a reforzar la importancia de ser importantes, frente a otros importantes, es decir otros varones (Connell, 1997). Por ejemplo, estos espacios desarrollan actividades para reflexionar sobre lo deportivo, sobre las paternidades o sobre las prácticas del consumo problemático desde actividades con modalidad de taller con formatos clásicos.

Finalmente, sobre el activismo artístico, encontramos que varios varones que participan de esos espacios, según las entrevistas, realizan o tienen cercanía con expresiones artísticas, pero las ejecutan de modo individual, como parte del desarrollo y actividades de cada uno. Sobre el activismo artístico uno de los referentes señala (Entrevista 4);

…siento que todavía es una pata un poco floja que tenemos a nivel colectivo, a mí particularmente me llega a través de la expresión corporal, danza, teatro, teatro físico, movimiento, esa fue mi puerta a lo que vengo transitando, aunque a nivel general no lo veo muy presente el artivismo, siento, que todavía estamos muy desde el lugar de la reflexión y el cuestionamiento, pero más conectado al plano del raciocinio y no tanto de las expresiones artísticas...

Por otro lado, es interesante que los referentes (Entrevista 2 y 4) señalan que algunas expresiones artísticas están más cercanas a las masculinidades (música), a diferencias de otras que son catalogadas o están más vinculadas a lo femenino (danza), lo que incide o define el tipo de actividades que realizan en el espacio público. También mencionaron que cuando han realizado actividades vinculadas al cuerpo y a las expresiones artísticas, han convocado a compañeras feministas para coordinar esas actividades. Por otro lado, en las manifestaciones públicas vinculadas a los derechos de las mujeres o de las disidencias, no se han organizado acciones de artivismo de ningún tipo, se menciona que algunos varones gay se suman a las acciones desarrolladas por otras compañeras, por ejemplo en la marcha del orgullo LGBTQ+.

Consideraciones finales

Los varones anti patriarcales organizados en espacios colectivos aún no han avanzado en sumar prácticas de artivismo de modo colectivo, las acciones que se desarrollan vinculadas al arte son de orden individual, aún están en una instancia de desconcierto sobre los modos de organizarse y acompañar las reivindicaciones de géneros.

El salto hacia la politización mediante el arte activismo está pendiente aún y supone un grado de maduración en términos conceptuales, organizativos, políticos. Recuperando a Butler que ofrece una perspectiva política sobre la performatividad, sostiene que cuerpos vulnerables pueden desafiar y transformar las estructuras de poder. No obstante, en este caso los cuerpos cismasculinos no se encuentran en el lugar de la vulnerabilidad (y los varones tienen pleno registro de esto).

Tras la indagación realizada podemos reconocer que los varones en proceso de revisar sus prácticas masculinas, identifican ciertos costos que atraviesan a sus cuerpos de diferentes maneras. Este sería un buen punto para politizar el cuerpo, aquí cobran gran relevancia los vínculos con activistas mujeres o del colectivo LGBTQ+ para acompañar e impulsar las reflexiones y acciones sobre las desigualdades de género. Esto último abre una interesante pregunta, ¿es posible la reflexión sobre la masculinidad y lo performativo sólo entre varones?

El arte activismo en los varones que cuestionan la masculinidad hegemónica, aún no se constituye como herramienta política, resta un camino por recorrer, el cual supone animarse a poner el cuerpo y dejarse atravesar desde la crítica individual y colectiva.

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Carlos Andrés Jiménez

Magíster en Salud Pública, Centro de Estudios Interdisciplinarios, Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Investigador Docente Adjunto y Secretario Académico del Instituto del Conurbano. Universidad Nacional de General Sarmiento