| Ensayos de reflexión teórica |
https://doi.org/10.30972/riie.17259565
RIIE 17(25), 2026 - EISSN 1853-1393
Daniela Frachia1
Fecha de recepción: 23/02/2026
Fecha de aceptación: 23/06/2026
Resumen
Este ensayo analiza el primer artículo científico como momento inicial de inserción en el campo académico, examinándolo no solo como ejercicio de escritura sino como dispositivo de socialización académica. Desde una perspectiva teórica que articula la noción de campo de Pierre Bourdieu (2003), los sistemas de regulación y evaluación de la investigación contemporánea y el análisis de géneros académicos, se sostiene que esta experiencia opera como un momento estructurante en la conformación de la identidad investigativa. La escritura científica inicial implica un proceso de apropiación de reglas y criterios que orientan y legitiman la producción y circulación del conocimiento en la educación superior. En este proceso convergen dimensiones estructurales, evaluativas y discursivas que configuran las condiciones de reconocimiento de la práctica científica. Asimismo, se problematiza el carácter aparentemente técnico de la enseñanza de la escritura académica, destacando su dimensión formativa, política e institucional. Se concluye que enseñar a escribir artículos científicos requiere habilitar una comprensión crítica del campo científico y de sus mecanismos de validación, interpelando directamente a los espacios de formación investigativa universitarios. De este modo, el artículo aporta una reflexión teórica orientada a fortalecer la formación de investigadores en el ámbito educativo.
Palabras clave: campo científico, escritura científica, formación de investigadores, socialización académica.
Abstract
This essay examines the first scientific article as an inaugural moment of insertion into the academic field, approaching it not merely as a writing exercise but as a process of socialization into the academic community. Drawing on a theoretical perspective that articulates Pierre Bourdieu’s (2003) notion of field, contemporary systems of research regulation and evaluation, and the analysis of academic genres, the essay argues that this experience constitutes a structuring moment in the formation of research identity. Writing the first article entails a process of appropriating the rules and criteria that orient and legitimize the production and circulation of knowledge in higher education. Within this process, structural, evaluative, and discursive dimensions converge to shape the conditions under which scientific practice is recognized. The essay also problematizes the seemingly technical character of teaching academic writing, highlighting its formative, political, and institutional dimensions. It concludes that teaching how to write scientific articles requires fostering a critical understanding of the scientific field and its mechanisms of validation, thereby directly challenging university research training spaces. In this way, the article offers a theoretical reflection aimed at strengthening researcher education within the field of education.
Keywords: scientific field, academic writing, researcher training, socialization into academic field.
Introducción
La escritura del primer artículo científico suele abordarse desde una perspectiva técnica, con énfasis en normas formales, estructuras textuales y recomendaciones estilísticas propias de la comunicación académica. Lejos de ser un aspecto secundario, estas dimensiones son condiciones necesarias para la producción y validación del conocimiento dentro del campo científico. Sin embargo, esta mirada resulta insuficiente para comprender su alcance en el proceso formativo del investigador. Más que un ejercicio de redacción funciona como una experiencia de ingreso al campo científico y un momento significativo en la definición de una posición académica.
Este ensayo sostiene como tesis que el primer artículo científico debe entenderse como un dispositivo de socialización académica en el que se articulan mecanismos de validación, reconocimiento y posicionamiento académico. En este trabajo, la noción de socialización académica refiere al proceso mediante el cual los investigadores noveles incorporan progresivamente reglas de validación, expectativas institucionales, formas de producción discursiva y criterios de reconocimiento propios del campo científico. Publicar no implica únicamente comunicar resultados, sino inscribirse en un sistema regulado por principios de validación y reconocimiento académico. En este sentido, las convenciones técnicas de la escritura científica no operan como elementos meramente formales, sino formas de legitimación académica. La publicación inicial adquiere así una centralidad decisiva en el proceso de incorporación al oficio investigador.
La perspectiva centrada en la dimensión técnica de la escritura científica, ampliamente difundida en manuales de redacción científica —como los de Robert Day (2005) o Rosa María Lam Díaz (2016)— ha resultado fundamental para sistematizar convenciones formales y orientar a investigadores noveles. Estas contribuciones han permitido explicitar reglas que organizan la comunicación científica y operan como criterios de validación dentro del campo académico. En diálogo con ello, estudios recientes sobre escritura científico-académica y formación investigativa continúan señalando la centralidad de estas prácticas en la conformación de trayectorias académicas contemporáneas y en los procesos de inserción de investigadores noveles en comunidades científicas (Leal-Barreto & Rodríguez-Hernández, 2024).
No obstante, cuando estas dimensiones se consideran de manera aislada, sin tomar en cuenta los mecanismos que organizan la producción científica donde se inscriben, se dificulta comprender cómo la publicación científica participa en los procesos de legitimación académica que modelan el oficio investigador.
El objetivo de este trabajo es analizar críticamente este momento inaugural articulando tres enfoques conceptuales. En primer lugar, la noción de campo científico desarrollada por Pierre Bourdieu (2003), que permite comprender la ciencia como un espacio de reglas, jerarquías y disputas por el reconocimiento. En segundo término, se recuperan los marcos normativos que organizan la investigación, particularmente las categorías de investigación, desarrollo e innovación sistematizadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), cuyos manuales metodológicos operan como dispositivos clasificatorios que condicionan la evaluación institucional. Finalmente, la perspectiva retórica propuesta por John Swales (1990), que permite analizar cómo la escritura científica materializa discursivamente los procesos de inserción y validación dentro de la conversación disciplinar.
Desde una perspectiva situada en el campo de las Ciencias de la Educación, y en diálogo con la sociología del campo científico y los estudios del discurso académico, este ensayo aborda la experiencia de la primera publicación como una práctica formativa central en la incorporación al oficio de investigador. A partir de esta articulación, el presente artículo busca ampliar las perspectivas centradas exclusivamente en la dimensión técnica de la escritura académica, comprendiendo la publicación inicial como una instancia formativa del oficio investigador.
Lejos de constituir únicamente una práctica instrumental de redacción, la primera instancia de escritura supone una primera toma de posición dentro del campo científico, en la que se entrelazan condiciones institucionales, mecanismos de validación y formas de reconocimiento académico. El análisis, por tanto, no se orienta a enumerar recomendaciones prácticas, sino a problematizar las condiciones bajo las cuales un investigador novel logra ingresar y volverse reconocible dentro de una comunidad científica determinada.
El primer artículo como instancia de ingreso y validación en el oficio investigador
Comprender el primer artículo científico como instancia de ingreso y validación en el oficio investigador requiere problematizar cómo se configura dicho oficio. La caracterización del investigador ha sido abordada frecuentemente desde enfoques centrados en la definición e identificación de competencias consideradas necesarias para el ejercicio de la actividad científica. En esta línea, Rivas Tovar (2011) distingue entre competencias específicas de cada disciplina y competencias transversales compartidas por toda práctica investigativa. Sin embargo, esta perspectiva abre una pregunta central: ¿qué elementos configuran el rol investigador más allá de las particularidades técnicas de cada área del conocimiento?
Entre las capacidades comúnmente señaladas se encuentran la formulación de problemas de investigación, la elaboración del estado del arte, el diseño metodológico, el análisis de datos y la redacción del informe científico. Tales habilidades delinean un perfil profesional esperado y establecen estándares mínimos de desempeño dentro del ámbito académico. No obstante, aunque estas capacidades son necesarias para el ejercicio de la actividad científica, resultan insuficientes para comprender la configuración del oficio investigador. La producción de conocimiento no se agota en la generación de resultados, sino que requiere su inscripción en un entramado de reglas, expectativas y dispositivos de validación que estructuran el campo científico. De este modo, dicho oficio no se define únicamente por lo que se sabe hacer, sino también por las condiciones bajo las cuales ese hacer puede ser reconocido como válido.
En este escenario, el ingreso al campo científico no se produce en condiciones de simetría. El capital simbólico —publicaciones previas, pertenencia institucional, redes académicas o la dirección de investigadores consagrados— se distribuye de manera desigual, configurando un espacio estructurado por relaciones de fuerza específicas. Como plantea Pierre Bourdieu (2003), el campo científico se organiza como un espacio relativamente autónomo en el que los agentes disputan capital específico conforme a reglas históricamente instituidas. Estas reglas delimitan lo que cuenta como conocimiento válido, problema relevante o contribución original. El investigador novel se enfrenta así a un espacio ya estructurado, donde la visibilidad y el reconocimiento no están garantizados y donde el primer manuscrito representa una toma de posición inicial.
En este marco, el ingreso al campo no supone solo participar, sino hacerlo en condiciones de reconocimiento reguladas por esas reglas: implica la incorporación progresiva de disposiciones, esquemas de percepción y criterios de valoración que orientan la práctica investigativa. Dichas disposiciones pueden comprenderse en términos de habitus científico, es decir, como sistemas de esquemas internalizados que permiten al investigador reconocer qué pregunta formular, qué estrategias argumentativas adoptar y qué interlocutores privilegiar. Este habitus no se adquiere de manera instantánea ni meramente formal, sino a través de trayectorias formativas e intercambios académicos, en los que se ponen en juego criterios de legitimidad y experiencias de validación o rechazo dentro de la comunidad disciplinar.
Considerado así, el aprendizaje del oficio investigador no puede entenderse como un proceso exclusivamente cognitivo, sino como una forma de socialización académica mediante la cual los sujetos se incorporan progresivamente a una comunidad disciplinar y se apropian de sus reglas, expectativas y criterios de validación. El investigador novel no solo aprende a investigar, sino también a intervenir dentro de un espacio académico atravesado por reglas y expectativas específicas.
Publicar por primera vez implica, por lo tanto, una exposición a la evaluación y a la posible objeción por parte de la comunidad disciplinar. La revisión por pares no solo verifica la calidad metodológica de un trabajo, sino que funciona como mecanismo de validación simbólica, al reconocer determinadas formas de pertinencia, relevancia y adecuación a las convenciones del campo. El investigador que envía su primer manuscrito aprende, en ese proceso, que la producción científica está atravesada por criterios explícitos y expectativas implícitas acerca de lo relevante, lo pertinente y lo novedoso. El oficio investigador comienza a definirse, así, en la tensión entre la búsqueda de reconocimiento y el ajuste a reglas.
Bajo esta lógica, la formación en investigación puede comprenderse como un proceso de apropiación gradual de criterios de validez, estilos argumentativos y modos de circulación del saber. Desde esta perspectiva, referencias clásicas al esfuerzo y la disciplina en el trabajo científico —como las formuladas por Santiago Ramón y Cajal (2010)— pueden leerse no como exaltaciones individuales, sino como expresiones del carácter estructurado del oficio investigador.
Estas consideraciones adquieren particular densidad cuando el investigador novel enfrenta su primera experiencia de publicación. En esa instancia convergen las competencias técnicas previamente adquiridas, las reglas institucionales que regulan la actividad científica y las expectativas de reconocimiento propias del campo académico. La primera publicación no constituye únicamente un producto textual, sino una experiencia de posicionamiento dentro de un sistema de legitimidad que delimita qué puede ser reconocido como conocimiento válido.
Aparece así atravesada por una tensión constitutiva: entre la exploración intelectual y las exigencias de regulación; entre la problematización genuina y la necesidad de anticipar criterios de evaluación y reconocimiento. En esa tensión comienza a configurarse el oficio investigador contemporáneo, delineándose no solo qué se investiga, sino también bajo qué condiciones puede adquirir visibilidad y legitimidad académica.
2. Adscripción a un sistema estructurado de regulación, evaluación y producción: configuración del oficio investigador
La incorporación del investigador novel al campo científico —ya anticipada en la experiencia de publicación inicial— implica su adscripción a un sistema estructurado de regulación, evaluación y producción del conocimiento, en el que la Investigación y Desarrollo (I+D) opera como un marco central de organización.
A partir de ello, la práctica investigativa se redefine como una actividad inscripta en sistemas de financiamiento, programas prioritarios y criterios de evaluación que orientan agendas temáticas, modalidades de trabajo y expectativas de impacto. La producción científica no se desarrolla en condiciones neutras: se encuentra atravesada por marcos regulatorios que no solo delimitan prioridades, definen indicadores de rendimiento y establecen parámetros de reconocimiento, sino que inciden en la definición de lo que puede ser reconocido como conocimiento válido
Uno de los rasgos más significativos de esta organización contemporánea del trabajo científico es la creciente centralidad de métricas cuantitativas —como las publicaciones indexadas, factores de impacto, recuentos de citación— que configuran modalidades específicas de validación científica. Estas formas de validación inciden tanto en las trayectorias de los investigadores como en las estrategias institucionales. Estos criterios se inscriben en marcos normativos internacionales orientados a sistematizar la medición de la investigación y el desarrollo experimental, como el Manual de Frascati elaborado por la OCDE (2015). La estandarización de definiciones y procedimientos busca garantizar comparabilidad, transparencia y rendición de cuentas. No obstante, al delimitar qué se considera investigación y cómo debe contabilizarse, estos dispositivos adquieren un carácter performativo: no solo registran prácticas existentes, sino que contribuyen a modelarlas, orientando prioridades temáticas, formas de circulación y reconocimiento disciplinar. Esta racionalidad evaluativa ha sido ampliamente discutida en estudios recientes sobre la transformación del trabajo académico, señalándose cómo la intensificación de indicadores y rankings reconfigura prioridades investigativas y redefine nociones de excelencia científica (Connell, 2019).
En consecuencia, la consolidación de métricas no opera como un elemento accesorio, sino como un componente estructurante de las trayectorias académicas. El reconocimiento científico ya no depende únicamente del juicio cualitativo de pares en instancias acotadas, sino que se encuentra progresivamente mediado por sistemas de clasificación y jerarquización institucionalizados. De este modo, la inserción del investigador novel se produce en un entorno donde publicar no solo representa un acto de comunicación académica, sino también una condición estructural para la continuidad de la trayectoria profesional. Dicho proceso adquiere un doble estatuto: es simultáneamente una instancia de formación académica y un requisito de incorporación al circuito de un régimen institucional de evaluación.
Esta lógica evaluativa introduce, además, una tensión constitutiva en esta experiencia inicial de publicación. Por un lado, los sistemas de I+D promueven estándares que buscan asegurar calidad y transparencia; por otro, la centralidad creciente de indicadores cuantitativos puede estimular dinámicas de productividad acelerada. La experiencia inicial de publicación se encuentra así atravesada por la necesidad de responder a criterios externos que anticipan mediciones futuras.
Para el investigador novel, este marco introduce una forma específica de anticipación estratégica, entendida como la orientación de decisiones presentes en función de evaluaciones futuras. La elección del tema, la selección de la revista, el recorte metodológico e incluso la extensión del trabajo pueden estar condicionados por expectativas de indexación y visibilidad. Las decisiones de investigación comienzan a organizarse no solo en función de intereses epistemológicos, sino también de las condiciones de visibilidad y reconocimiento del campo académico.
Estas dinámicas se desarrollan en un escenario marcado por la creciente institucionalización de mecanismos de evaluación y regulación de la actividad científica. Los marcos contemporáneos de I+D no solo organizan recursos y criterios de financiamiento, sino que también definen condiciones de legitimidad, visibilidad y reconocimiento dentro del campo académico.
La I+D no solo establece prioridades y criterios de evaluación, sino que participa activamente en la constitución de aquello que adquiere estatus de problema relevante. Las agendas de investigación, los tiempos de producción y las expectativas de impacto inciden en la selección de temas y en la formulación de preguntas, configurando un espacio en el que la creatividad intelectual se despliega en tensión con condiciones institucionales que orientan y, al mismo tiempo, restringen sus posibilidades.
Desde este marco regulatorio, la primera experiencia de publicación se desarrolla bajo formatos discursivos estabilizados, criterios institucionales de evaluación y exigencias de visibilidad académica. El ingreso al campo científico contemporáneo se configura, así, en la tensión entre exploración intelectual y regulación institucional, entre producción de conocimiento y condiciones de reconocimiento académico.
3. Inscripción discursiva y posicionamiento: la escritura del primer artículo en la configuración del oficio investigador
Si los apartados anteriores han mostrado que el ingreso al campo científico se encuentra regulado por condiciones estructurales y evaluativas, la escritura del artículo funciona como el espacio en el que esa inserción se materializa discursivamente. El artículo no es únicamente un medio de comunicación de resultados, sino un dispositivo de inscripción en la conversación disciplinar en el que se disputa la posibilidad de reconocimiento dentro del campo académico.
En esta línea, el modelo CARS (Create a Research Space), propuesto por Swales (1990), ofrece una clave analítica para comprender cómo los textos científicos construyen su legitimidad. Según este modelo, la introducción de un artículo se organiza en tres movimientos retóricos: establecer el territorio de investigación, identificar un vacío o limitación en los estudios previos y ocupar ese espacio mediante la propia contribución. Esta estructura no responde simplemente a convenciones formales, sino a una lógica de posicionamiento dentro del campo académico.
Afirmar la relevancia de un tema, delimitar un problema y justificar la novedad de una propuesta implica reconocer que la producción científica se inscribe en una red previa de debates y jerarquías disciplinarias. El investigador no escribe en el vacío: interviene en una conversación académica atravesada por disputas de validación y reconocimiento. La escritura funciona, entonces, como una práctica de posicionamiento mediante la cual se construye visibilidad académica a través de decisiones sobre qué antecedentes recuperar, cómo delimitar el problema y de qué modo presentar la contribución.
El investigador novel no solo aplica técnicas metodológicas o responde a criterios de I+D; aprende a inscribirse discursivamente en una tradición, a dialogar con autoridades reconocidas y a construir un espacio propio dentro del entramado disciplinar. Comprender el modelo CARS en estos términos permite trascender su lectura como herramienta prescriptiva de redacción y situarlo como expresión de las reglas implícitas que organizan la producción académica. La escritura inicial aparece, así, como una práctica de inscripción discursiva mediante la cual el investigador interviene en una comunidad disciplinar y construye legitimidad académica.
En esa línea, una parte significativa de la literatura sobre producción científico-académica ha privilegiado enfoques orientados a sistematizar pautas de redacción, organización textual y adecuación normativa. Obras clásicas como las de Robert A. Day (2005) o Rosa María Lam Díaz (2016) han contribuido a hacer explícitas convenciones que organizan la comunicación científica, ofreciendo orientaciones sobre estructura, citación y presentación de resultados. Estos aportes han resultado fundamentales para la profesionalización de la escritura académica y para la formación de investigadores noveles. Por su parte, investigaciones recientes continúan señalando que estas prácticas discursivas constituyen una dimensión central en los procesos contemporáneos de producción y circulación académica, particularmente en el nivel de posgrado y en las ciencias sociales y humanas (Gutiérrez-Ríos & Moya Pardo, 2024).
Sin embargo, cuando estas prácticas de escritura se analizan exclusivamente desde su dimensión normativa o técnica, se dificulta comprender su articulación con las condiciones institucionales y simbólicas que estructuran la producción académica contemporánea. La publicación científica no supone únicamente un ejercicio de adecuación formal, sino también una práctica situada de legitimación y posicionamiento dentro del campo académico.
Desde esta perspectiva, el modelo CARS permite trascender una lectura puramente instrumental de la escritura académica para comprender cómo el investigador construye una posición de interlocución legítima dentro del campo disciplinar. La primera publicación constituye, así, una práctica de inscripción mediante la cual el investigador se vuelve reconocible dentro de una comunidad académica.
Este ensayo no busca sustituir los aportes normativos sobre redacción científica, sino integrarlos en una comprensión más amplia que articule producción discursiva, regulación institucional y condiciones de inserción académica.
4. Discusión: articulaciones entre condiciones estructurales y aprendizaje discursivo
A lo largo del recorrido realizado, el primer artículo científico fue analizado desde tres dimensiones complementarias: como instancia de ingreso al campo académico, como práctica regulada por los sistemas contemporáneos de I+D y como forma de inscripción discursiva en la conversación disciplinar. Estas dimensiones permiten comprender que la publicación inicial no representa únicamente un ejercicio técnico de escritura, sino un momento estructurante en la formación del investigador.
En este punto, resulta posible explicitar la articulación entre estas tres dimensiones. El campo académico establece las reglas de legitimidad; el sistema de I+D institucionaliza y cuantifica esas reglas; y los dispositivos discursivos materializan esas exigencias en formas reconocibles de producción académica. La publicación inicial se sitúa precisamente en esa intersección: funciona simultáneamente como una experiencia de ingreso al campo, una respuesta a condiciones estructurales y un ejercicio de aprendizaje de una gramática disciplinar.
La lectura articulada de los planos previamente desarrollados permite advertir que, en la literatura especializada, estos suelen abordarse de manera fragmentada. Por un lado, el análisis sociológico del campo científico —en la línea de Pierre Bourdieu— ha enfatizado las condiciones estructurales de producción, las disputas por capital específico y la lógica de las posiciones. Por otro, los estudios sobre I+D han centrado su atención en sistemas de medición, indicadores y políticas de evaluación, como los sistematizados en el Manual de Frascati (OCDE, 2015). Finalmente, los análisis del discurso académico, inspirados en propuestas como la de John Swales (1990), han examinado las regularidades retóricas que configuran el artículo científico como género.
Sin embargo, estos enfoques raramente se integran en una reflexión común sobre la experiencia concreta del investigador que publica por primera vez. El campo tiende a estudiarse sin atender a los dispositivos textuales que materializan la toma de posición; la I+D se analiza como política pública sin detenerse en sus efectos formativos; y el género discursivo se describe como regularidad retórica sin situarlo en las relaciones de poder que le dan sentido.
La articulación propuesta en este ensayo busca precisamente superar esa segmentación. La experiencia inaugural de publicación adquiere densidad analítica porque en ella convergen condiciones estructurales, exigencias evaluativas y formas de inscripción discursiva. Publicar por primera vez supone, al mismo tiempo, tomar posición en un campo estructurado, responder a un régimen institucional de evaluación y construir una interlocución legítima dentro de una comunidad disciplinar. La complejidad de esta experiencia radica en que tales dimensiones no operan de manera separada, sino que se condensan en la práctica concreta de escritura.
Bajo esta lógica, la experiencia de publicación inicial aparece atravesada por tensiones constitutivas entre autonomía intelectual y regulación institucional, entre creatividad y evaluación, entre construcción de una voz propia y adecuación a convenciones disciplinarias. Lo que formalmente se presenta como un ejercicio académico constituye, en rigor, una instancia de incorporación estructural y simbólica al campo científico.
La elaboración del artículo representa una primera intervención en el espacio académico, en la medida en que obliga a delimitar un problema, adoptar decisiones teóricas y anticipar un modo de inserción en debates ya existentes. En esa intervención inicial se condensan simultáneamente búsqueda de reconocimiento y apropiación de las reglas que organizan el campo científico contemporáneo. Analizado de manera articulada, el artículo inicial no solo comunica resultados: produce posicionamiento, visibilidad y pertenencia.
Comprender esta articulación permite desplazar la mirada desde una concepción técnica del artículo —como simple producto escrito— hacia una comprensión más amplia de su función en la formación investigativa. La publicación inicial constituye simultáneamente un mecanismo de inserción institucional, una instancia de posicionamiento académico y un espacio de aprendizaje discursivo.
El desafío no consiste únicamente en enseñar a escribir, sino en acompañar críticamente los procesos mediante los cuales los investigadores noveles se incorporan a un orden académico que combina tradición científica, regulaciones institucionales y formatos discursivos históricamente estabilizados. Desde esta perspectiva, el primer artículo científico deja de ser comprendido como un mero producto textual para revelarse como una instancia privilegiada de configuración del oficio investigador contemporáneo.
Conclusiones
El recorrido desarrollado permite comprender que el primer artículo científico no puede ser reducido a un ejercicio técnico de escritura académica, sino que constituye una experiencia estructurante en la configuración del oficio investigador. Publicar por primera vez implica ingresar en un campo regulado por reglas de legitimidad; responder a un sistema de I+D que mide y jerarquiza la producción; y apropiarse de una gramática retórica que organiza las formas legítimas de argumentación.
La publicación científica opera como un dispositivo formativo: no solo comunica resultados, sino que produce subjetividad investigadora mediante procesos de socialización académica en los que se aprende a delimitar problemas, posicionarse frente a otros autores y anticipar evaluaciones.
Sin embargo, reconocer esta dimensión formativa obliga también a problematizar las condiciones en las que dicha experiencia acontece. La racionalidad contemporánea de la I+D tiende a enfatizar la productividad cuantificable, lo que puede transformar la publicación inicial en una exigencia acelerada más que en un proceso de aprendizaje reflexivo. En este marco, el primer artículo se inscribe en una tensión constitutiva entre su potencial formativo y su función dentro de un sistema de evaluación que organiza, financia y legitima la producción científica. Si bien estos criterios resultan indispensables para el sostenimiento del campo académico, su centralidad puede desplazar la práctica investigativa hacia la adecuación a parámetros evaluativos, tensionando su potencial como espacio de elaboración crítica del conocimiento.
En ausencia de mediaciones pedagógicas que acompañen este proceso, el primer artículo puede tender a configurarse como una práctica predominantemente adaptativa más que como un ejercicio reflexivo de elaboración de conocimiento.
De allí que las implicancias para la formación de investigadores noveles resulten centrales. Enseñar a escribir artículos científicos no puede limitarse a transmitir normas de citación o estructuras formales. Implica:
Hacer explícitas las reglas del campo académico y sus mecanismos de reconocimiento.
Desnaturalizar los formatos discursivos, mostrando que responden a convenciones históricas.
Acompañar el proceso de inserción institucional desde una perspectiva crítica.
Generar espacios de reflexión sobre las tensiones entre la producción de conocimiento y las exigencias de rendimiento.
La reflexión aquí desarrollada interpela de manera directa a los seminarios de metodología, a los espacios de formación investigativa y a los posgrados universitarios, donde la escritura científica supone una instancia clave de socialización académica y de conformación de la identidad académica. En consonancia con ello, investigaciones recientes en educación superior han señalado la necesidad de abordar la formación en investigación desde perspectivas epistémico-pedagógicas que integren producción de conocimiento, prácticas institucionales y procesos formativos (Contreras López, García Soberano & Jiménez Rosado, 2023).
Formar investigadores supone, entonces, crear condiciones para que la incorporación a la comunidad científica no sea únicamente un aprendizaje de adecuación normativa, sino también una experiencia de comprensión reflexiva del sistema en el que se participa. El primer artículo científico debería ser concebido como una instancia privilegiada para esa formación crítica.
En un contexto en el que la escritura académica se encuentra crecientemente atravesada por indicadores y rankings, recuperar su dimensión pedagógica y epistemológica resulta necesario. No se trata de desestimar los dispositivos de evaluación, sino integrarlos críticamente en el proceso formativo, evitando que la lógica de la productividad sustituya a la reflexión sobre el sentido de la investigación.
El desafío, en definitiva, no es simplemente enseñar a publicar. Se trata de formar investigadores capaces de comprender, habitar y problematizar críticamente las reglas de validación y posicionamiento que configuran el campo científico contemporáneo. El primer artículo científico puede ser comprendido —y pedagógicamente trabajado— como un dispositivo de socialización académica en el que se condensan, de manera situada, las reglas, tensiones y posibilidades que estructuran el oficio investigador.
Queda abierta la necesidad de indagar cómo estas dinámicas se configuran diferencialmente según disciplinas, contextos nacionales y posiciones institucionales. Profundizar en estas variaciones permitirá comprender con mayor precisión de qué modos el ingreso al campo científico contemporáneo reproduce, tensiona o transforma las condiciones de formación del oficio investigador.
Referencias bibliográficas
Bourdieu, P. (2003). El oficio de científico: Ciencia de la ciencia y reflexividad. Anagrama.
Connell, R. (2019). The good university: what universities actually do and why it’s time for radical change. Zed Books.
Contreras López, R. E., García Soberano, C. A. & Jiménez Rosado, R. D. (2023). Enseñanza de la investigación: un giro hacia prácticas epistémico-pedagógicas. Revista Educación Superior y Sociedad, 35(2), 552-579. https://doi.org/10.54674/ess.v35i2.740
Day, R. A. (2005). Cómo escribir y publicar trabajos científicos. Organización Panamericana de la Salud.
Gutiérrez-Ríos, M. Y. & Moya Pardo, C. (2024). El desafío de la escritura académico-científica en estudiantes doctorales: estudio exploratorio de una evaluación diagnóstica. Zona Próxima, 40, 66–91. https://doi.org/10.14482/zp.40.345.951
Lam Díaz, R. M. (2016). La redacción de un artículo científico. Revista Cubana de Hematología, Inmunología y Hemoterapia, 32(1), 57-69. https://www.researchgate.net/publication/317515808_La_redaccion_de_un_articulo_cientifico
Leal-Barreto, M. C. & Rodríguez-Hernández, Y. (2024). Estrategias para la formación en competencias investigativas en educación superior: revisión narrativa. Magis, Revista Internacional de Investigación en Educación, 17, 1–26. https://doi.org/10.11144/Javeriana.m17.efci
OCDE (2015). Manual de Frascati 2015: Guía para la recopilación y presentación de datos sobre investigación y desarrollo experimental. OCDE Publishing https://doi.org/10.1787/9789264239012-en
OCDE/Eurostat (2018). Manual de Oslo 2018: Guía para la recogida e interpretación de datos sobre innovación. OCDE Publishing https://doi.org/10.1787/9789264304444-es
Parodi, G. (2008). Géneros académicos y géneros profesionales: Accesos discursivos para saber y hacer. Ediciones Universitarias de Valparaíso.
Ramón y Cajal, S. (2010). Reglas y consejos sobre investigación científica: Los tónicos de la voluntad. Gadir Editorial.
Rivas Tovar, L. A. (2011). Las nueve competencias de un investigador. Investigación Administrativa, 40(108), 34-54. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=456045339003
Swales, J. M. (1990). Genre Analysis: English in academic and research settings. Cambridge University Press.
Magíster en Gestión de la Educación Superior. Doctoranda del Doctorado en Educación en la Universidad Nacional de Hurlingham. Docente universitaria y Directora de Proyectos de investigación vinculados con Educación Superior y formación docente, Universidad Nacional de La Matanza. El presente trabajo ha sido financiado por el Programa Doctorados UNLaM Edición 2025 (Resol. 329/2023), de la Universidad Nacional de la Matanza (UNLaM). https://orcid.org/0009-0004-4670-5257 Contacto: dfrachia@unlam.edu.ar↩︎